Título Original: No retreat, no surrender. / Director: Corey Yuen. / Productor: Ng See Yuen. / Guión: Keith W. Strandberg. / Fotografía: David Golia, John Huneck. / Montaje: James Melkonian, Mark Pierce, Alan Poon. / Música: Frank Harris / Paul Gilreath. / Reparto: Kurt McKinney (Jason Stillwell), Jean-Claude Van Damme (Ivan Kraschinsky), J.W. Fails (R.J. Madison), Kathie Sileno (Kelly Reilly), Kim Tai Chong (Sensei Lee), Kent Lipham (Scott), Ron Pohnel (Ian Reilly), Dale Jacoby (Dean Ramsay), Pete Cunningham (Frank Peters), Timothy D. Baker (Tom Stillwell), Gloria Marziano (Mrs. Stillwell). / Nacionalidad: Hong Kong - Estados Unidos. / Duración: 85 minutos / Productora: Seasonal Film Corporation - New World Pictures - Balcor Film Investors. / Distribuidora en España: Lightning Video (VHS), TriPictures (VHS), Filmax (DVD), Creative Films (DVD). / Fecha de estreno en cines norteamericanos: 2 de Mayo de 1986. / Recaudación total en EEUU: $2,273,045.
Sinopsis:
Jason Stillwell es un apasionado admirador de Bruce Lee cuyo padre, instructor de Karate, resulta herido y humillado por el Crimen Organizado de la Costa Este. Negándose a entenderlo, Jason se avergüenza de su padre y decide practicar el karate esperando la hora de la venganza. Su amigo RJ le sugiere introducirse en determinado gimnasio, regentado por el campeón nacional de Full Contact... precisamente hermano de su ex-novia Kelly. Mal consejo, porque el hermano de Kelly y sus amigos (todos cinturones negros) le propinan una paliza de muerte. Desesperado, Jason visita la tumba de Bruce Lee y le suplica ayuda. Algunas noches más tarde, increíblemente, su deseo se hace realidad percibiendo que el espíritu de Bruce Lee está a su lado, inspirándole los secretos de sus artes marciales. Consciente de su poder, Jason se enfrenta finalmente al Crimen Organizado y a su invencible luchador: Iván el Terrible. (extraído de la contraportada de la edición en VHS de Lightning Video)
El Proyecto:
En 1984 se estrenaba en Estados Unidos una película que volvía a poner de moda las artes marciales entre el público adolescente y que retomaba, con el filtro de Hollywood, el argumento clásico de muchas películas de Kung Fu rodadas en Hong Kong durante los años 70: el joven escuálido y humillado por todos que se pone en las manos de un viejo maestro para, primero, cambiar su físico y obtener fortaleza tanto muscular como espiritual y, segundo, demostrar a todo el mundo mediante hostias que no es un pelele o un hazmerreír. Su título era Karate Kid (The Karate Kid. John G. Avildsen, 1984) y agradó tanto a parte de la crítica como a infinidad de espectadores alrededor del globo. No obstante, a algunos amantes del cine de artes marciales no les hizo tanta gracia e incluso se sonrojaban ante las cucamonas de Ralph Macchio. Corey Yuen fue uno de ellos. El director, actor y especialista nacido en Hong Kong disfrutó de la historia y del tono emotivo y épico que desprendía (diferente al carácter eminentemente cómico que adquirían esas mismas historias en la ex-colonia británcia), pero pensó que las secuencias de lucha eran muy mejorables. Con esa idea en mente, y con el dinero de la productora Seasonal Films (la misma que popularizó el subgénero a finales de los 70 con El mono borracho en el ojo del tigre, protagonizada por Jackie Chan), Yuen se fue a Seattle en 1985 y filmó allí su propia respuesta a Karate Kid, recogiendo también influencias de la inmediata Rocky IV (Ídem. Sylvester Stallone, 1985). Jean-Claude Van Damme, por su parte, buscaba en ese momento su gran oportunidad, después de haber desempeñado un pequeño papel en Monaco Forever (Ídem. William A. Levey, 1984) y de aparecer como extra en Breakin' (Ídem. Joel Silberg, 1984) y Desaparecido en combate (Missing in Action. Joseph Zito, 1984). Curiosamente, su intento de abrirse camino en la industria del cine de Hong Kong entre 1979 y 1980 había sido un fracaso, pero ahora era alguien de allí quien volaba a los Estados Unidos y en esta ocasión, quizá gracias a los contactos que hizo en ese momento, sí que conseguiría hacerse con un papel importante: Ivan Kraschinsky, el villano principal de la película.
La Película:
Retroceder nunca, rendirse jamás es, ya desde su título (también en su versión original: No retreat, no surrender), una película mítica para el fan de Van Damme. Supone su debut oficial en la gran pantalla, al considerarse que es aquí donde arranca de verdad su carrera, y a pesar de que su tiempo en pantalla no supera los veinte minutos, su presencia es tan poderosa que es él quien permanece en el recuerdo del espectador después de finalizar la proyección. Aquí todavía balbuceante desde un punto de vista interpretativo, lo que hace que en ocasiones no podamos hacer otra cosa que esbozar una sonrisa ante algunos de sus gestos (aunque es justo reconocer que él no es el peor actor del reparto, ni mucho menos), las cualidades marciales de Van Damme brillan por el contrario con especial intensidad, demostrando una agilidad y una rapidez como pocas veces se ha visto en su filmografía. En esto no tiene que ver únicamente su juventud (no había cumplido los 26 cuando filmó la cinta), sino también la buena mano de Corey Yuen para dirigir escenas de artes marciales. La combinación de ambos factores hace que podamos decir, sin riesgo alguno, que las peleas de Jean-Claude Van Damme en Retroceder nunca, rendirse jamás se encuentran entre las mejores de toda su carrera.
Pero, teniendo en cuenta que muchos fans sólo quieren ver a su astro el mayor tiempo posible, la pregunta que se harán es si, aparte de esas secuencias en las que aparece el belga, la película merece la pena. Y la respuesta es sí. A pesar de su presupuesto paupérrimo (no es confirmado, pero se estima en menos de medio millón de dólares), de sus actores de pacotilla (especialmente el que hace de padre de Jason, una auténtica calamidad) y sus personajes tópicos (el malo engominado y trajeado, el amigo negro del protagonista, la chica inocente que hace de novia, el gordo cabrón, etc.), la cinta se sobrepone a cualquier adversidad gracias a otros elementos que la convierten en una delicia para el espectador sin prejuicios. Para empezar, tenemos el hecho de que al protagonista se le aparezca el espíritu de Bruce Lee para enseñarle a luchar. Esto ya, de entrada, nos tiene ganados. Sólo hay un problema con esto: explotan tanto la imagen del verdadero Bruce a través de posters (o de planos donde podemos ver su verdadera tumba, localizada en Seattle) que, cuando aparece el actor que encarna a su espíritu sólo podemos responder con perplejidad, hasta tal punto que cuesta asumir en un principio que ese que estamos viendo sea Bruce y que el protagonista no le tome más bien por un chino loco que se ha colado por su ventana. Y eso a pesar de que el actor elegido para encarnarlo sea Kim Tai Chong, también conocido como Tong Lung, quien ya se encargó de suplir a la leyenda en los brucexploitations Juego con la muerte (Game of death. Robert Clouse, 1978), la sensacional El último combate (Game of death 2. Ng See Yuen, 1981) y Jackie y Bruce al rescate (Jackie and Bruce to the rescue. Wu Chia Chun, 1982). No obstante, ante una idea tan demencial no podemos hacer otra cosa que rendirnos e incluso celebrarla.
Siguiendo con los motivos por los que es recomendable la película, tenemos que destacar algo muy importante: Retroceder nunca, rendirse jamás está filmada en 1985 por un chino en Estados Unidos. ¿Qué significa eso? Pues imagínense: Corey Yuen mete en ella todo lo que considera que mola de los USA, con la visión inocente y dada al asombro de quien llega a un país y sólo conoce lo que ha visto por televisión sobre el mismo. Esto hace que la película sirva como resumen de todo lo que en esos momentos lo petaba: hamburgueserías, breakdance, rap, bicicletas bmx, skateboards, disfraces de Michael Jackson, barbacoas al lado de la piscina... Todo lo que cualquier chaval de la época quería ver en una película, a lo que además se sumaban unas escenas de lucha que dejaban en pañales a las de cualquier otra filmada en norteamérica durante esos años. Hay entonces un choque de culturas en la producción que enriquece al conjunto, haciéndola muy interesante para el público occidental ya que reúne a actores caucásicos (con los que se puede identificar más fácilmente que con los orientales) con las coreografías marciales propias de las mejores cintas de acción Made in Hong Kong, todo sin caer en el ridículo, que es lo que le sucedería a una cinta posterior titulada The Master (Ídem. Tsui Hark, 1992), en la que Jet Li hacía las américas con patética fortuna.
Cabe destacar que existen distintos montajes de la película: en el momento de su estreno tenía una duración de 85 minutos, pero años después fue reeditada para el mercado del vídeo británico reduciéndola a 79. Esta versión es la que se emitió en las televisiones de nuestro país. Sin embargo, la única copia disponible ahora mismo tanto aquí como en el extranjero es una versión presuntamente uncut que en realidad resulta peor que la anterior, ya que cuenta con una banda sonora menos vibrante, títulos de crédito distintos, le faltan algunas secuencias (irónicamente, ya que es más larga) que hacen incomprensibles ciertos momentos posteriores (no explica de dónde viene la relación entre Jason y Kelly, por ejemplo, y se hace mención a una escena previa que el público no puede ver en este montaje), añade innecesarios flashbacks en momentos clave (en mitad de un combate, por ejemplo) y cambia el orden de algunos acontecimientos. Sin olvidar que viene en una versión en fullscreen propia de un workprint al que le falta transferir al formato correcto, lo que hace que en algunos instantes se aprecien micrófonos y focos que deberían quedar fuera de plano. Una verdadera lástima que no esté disponible en DVD o Blu-Ray el montaje de menos de 80 minutos que, sin duda, convertía el visionado de la película en una experiencia más emocionante y satisfactoria que con la mediocre versión extendida.
El Legado:
Pese a su minúsculo presupuesto, Retroceder nunca, rendirse jamás logró estrenarse en algunas salas norteamericanas y multiplicar por cinco la inversión sólo en su paso por los cines, convirtiéndose después en un clásico de los videoclubes. Esto se amplificó cuando la cinta se explotó en vídeo en Europa años después (bajo el nombre de Karate Tiger en algunos países). A España llegó una vez que Van Damme ya había adquirido popularidad con títulos posteriores. La Seasonal Films, viendo el potencial de crear una saga protagonizada por los personajes de Jason Stillwell e Ivan Kraschinsky, idearon una secuela ambientada en Bangkok, pero tanto Kurt McKinney como Van Damme rechazaron ambos papeles, el primero porque no quería rodar en Tailandia, siendo reemplazados respectivamente por Loren Avedon y Matthias Hues, lo que obligó a un cambio en el nombre de los personajes y a abortar la continuidad argumental. Su título sería Secuestro en Bangkok (No retreat, no surrender 2: Raging Thunder. Corey Yuen, 1987) y en ella también aparecían figuras importantes del cine de artes marciales como Cynthia Rothrock y Hwang Jang Lee. La Seasonal siguió aprovechando el filón y puso al director Lucas Lowe al mando de tres películas que fueron estrenadas en algunos sitios como secuelas de las anteriores, todas con Keith W. Strandberg en el guión: Loren Avedon repetiría protagonismo (que no papel) en Hermanos de sangre (No retreat, no surrender 3: Blood Brothers. Lucas Lowe, 1990) y El rey de los Kickboxers (The King of the Kickboxers. Lucas Lowe, 1990), mientras que el más desconocido Reese Madigan encabezó el cartel de American Shaolin (Ídem. Lucas Lowe, 1992). Ninguna de ellas contaría con la repercusión (aunque fuera a pequeña escala) de la original. Y, como hemos dicho, no guardaban ninguna relación con la primera parte más allá de estar producidas por el mismo equipo.
Kurt McKinney rechazó aparecer en El Guerrero Americano III (American Ninja III: Blood Hunt. Cedric Sundstrom, 1989), otra vez por no querer desplazarse al país de rodaje (en este caso Sudáfrica) y lo pagó caro, quedándose anclado en pequeños papeles para la televisión y una única incursión más en el cine de acción y artes marciales: Sworn to Justice (Ídem. Paul Maslak, 1996), junto a Cynthia Rothrock. En cuanto a Jean-Claude Van Damme, pocos meses después del estreno de la película que nos ocupa se encontraba en Hong Kong filmando la cinta que le hizo famoso en todo el mundo... Contacto Sangriento (Bloodsport. Newt Arnold, 1988). El resto, como se dice, es historia. Y nosotros se la contaremos.
Curiosidades:
- Jean-Claude Van Damme consiguió el papel de Ivan Kraschinsky después de superar un casting en una escuela de Karate. Según contaba el propio Van Damme en una entrevista publicada en 2008 en la web A.V. Club, tuvo que demostrar sus habilidades ante un jurado formado por tres miembros del equipo de la película. Afirma que había un tipo en la sala que no dejaba de pavonearse y de intimidar a los demás, pero Jean-Claude consiguió tumbarle de un golpe y fue así cómo los productores decidieron darle el papel.
- Corey Yuen estaba frustrado porque el protagonista, Kurt McKinney, decía que no podía rodar él mismo la escena en la que da una patada a un saco mientras tiene la otra pierna colgando de una cuerda. El propio Yuen realizó el movimiento ante sus ojos para que viera que era posible y conseguir que se animara. Finalmente, como queda reflejado en el film, McKinney fue capaz de llevar a cabo el golpe.
- Los planos en los que se ve a McKinney haciendo flexiones con dedos estaban trucados. En realidad tenía un cable sujeto a la espalda con el que los especialistas iban tirando de él para que pareciera que hacía flexiones. El cable quedó camuflado con el árbol que aparece al fondo del plano.
- Mang Hoi, actor al que podemos ver en Zu: Guerreros de la Montaña Mágica (Zu: Warriors of the Magic Mountain. Tsui Hark, 1983) o Brandon Lee: Continúa la leyenda (Legacy of Rage. Ronny Yu, 1986), fue en realidad quien realizó la patada en salto hacia atrás que ejecutan primero el personaje de Sensei Lee y finalmente el de Jason Stillwell en la pelea contra Ivan.
- Las escenas que comparten Kurt McKinney y Kim Tai Chong (Jason y Sensei Lee, respectivamente) fueron filmadas hablando cada uno en su idioma propio, por lo que ninguno de los dos sabía qué le estaba diciendo el otro, pero reaccionaban a sus frases por lo que habían leído en el guión.
En Resumen:
- LO MEJOR: El recital de patadas que ofrece Van Damme, con la inestimable ayuda de la estupenda planificación de las peleas que lleva a cabo Corey Yuen.
- LO PEOR: No darle una oportunidad por el hecho de que Van Damme sólo salga al principio y al final del film. Y que sólo esté disponible en DVD la versión mala.
- LA SECUENCIA: El cara a cara final entre McKinney y Van Damme, cuando se produce entre ellos un reencuentro después de que el protagonista se haya convertido en alguien más poderoso y letal.
El Proyecto:
En 1984 se estrenaba en Estados Unidos una película que volvía a poner de moda las artes marciales entre el público adolescente y que retomaba, con el filtro de Hollywood, el argumento clásico de muchas películas de Kung Fu rodadas en Hong Kong durante los años 70: el joven escuálido y humillado por todos que se pone en las manos de un viejo maestro para, primero, cambiar su físico y obtener fortaleza tanto muscular como espiritual y, segundo, demostrar a todo el mundo mediante hostias que no es un pelele o un hazmerreír. Su título era Karate Kid (The Karate Kid. John G. Avildsen, 1984) y agradó tanto a parte de la crítica como a infinidad de espectadores alrededor del globo. No obstante, a algunos amantes del cine de artes marciales no les hizo tanta gracia e incluso se sonrojaban ante las cucamonas de Ralph Macchio. Corey Yuen fue uno de ellos. El director, actor y especialista nacido en Hong Kong disfrutó de la historia y del tono emotivo y épico que desprendía (diferente al carácter eminentemente cómico que adquirían esas mismas historias en la ex-colonia británcia), pero pensó que las secuencias de lucha eran muy mejorables. Con esa idea en mente, y con el dinero de la productora Seasonal Films (la misma que popularizó el subgénero a finales de los 70 con El mono borracho en el ojo del tigre, protagonizada por Jackie Chan), Yuen se fue a Seattle en 1985 y filmó allí su propia respuesta a Karate Kid, recogiendo también influencias de la inmediata Rocky IV (Ídem. Sylvester Stallone, 1985). Jean-Claude Van Damme, por su parte, buscaba en ese momento su gran oportunidad, después de haber desempeñado un pequeño papel en Monaco Forever (Ídem. William A. Levey, 1984) y de aparecer como extra en Breakin' (Ídem. Joel Silberg, 1984) y Desaparecido en combate (Missing in Action. Joseph Zito, 1984). Curiosamente, su intento de abrirse camino en la industria del cine de Hong Kong entre 1979 y 1980 había sido un fracaso, pero ahora era alguien de allí quien volaba a los Estados Unidos y en esta ocasión, quizá gracias a los contactos que hizo en ese momento, sí que conseguiría hacerse con un papel importante: Ivan Kraschinsky, el villano principal de la película.
La Película:
Retroceder nunca, rendirse jamás es, ya desde su título (también en su versión original: No retreat, no surrender), una película mítica para el fan de Van Damme. Supone su debut oficial en la gran pantalla, al considerarse que es aquí donde arranca de verdad su carrera, y a pesar de que su tiempo en pantalla no supera los veinte minutos, su presencia es tan poderosa que es él quien permanece en el recuerdo del espectador después de finalizar la proyección. Aquí todavía balbuceante desde un punto de vista interpretativo, lo que hace que en ocasiones no podamos hacer otra cosa que esbozar una sonrisa ante algunos de sus gestos (aunque es justo reconocer que él no es el peor actor del reparto, ni mucho menos), las cualidades marciales de Van Damme brillan por el contrario con especial intensidad, demostrando una agilidad y una rapidez como pocas veces se ha visto en su filmografía. En esto no tiene que ver únicamente su juventud (no había cumplido los 26 cuando filmó la cinta), sino también la buena mano de Corey Yuen para dirigir escenas de artes marciales. La combinación de ambos factores hace que podamos decir, sin riesgo alguno, que las peleas de Jean-Claude Van Damme en Retroceder nunca, rendirse jamás se encuentran entre las mejores de toda su carrera.
Pero, teniendo en cuenta que muchos fans sólo quieren ver a su astro el mayor tiempo posible, la pregunta que se harán es si, aparte de esas secuencias en las que aparece el belga, la película merece la pena. Y la respuesta es sí. A pesar de su presupuesto paupérrimo (no es confirmado, pero se estima en menos de medio millón de dólares), de sus actores de pacotilla (especialmente el que hace de padre de Jason, una auténtica calamidad) y sus personajes tópicos (el malo engominado y trajeado, el amigo negro del protagonista, la chica inocente que hace de novia, el gordo cabrón, etc.), la cinta se sobrepone a cualquier adversidad gracias a otros elementos que la convierten en una delicia para el espectador sin prejuicios. Para empezar, tenemos el hecho de que al protagonista se le aparezca el espíritu de Bruce Lee para enseñarle a luchar. Esto ya, de entrada, nos tiene ganados. Sólo hay un problema con esto: explotan tanto la imagen del verdadero Bruce a través de posters (o de planos donde podemos ver su verdadera tumba, localizada en Seattle) que, cuando aparece el actor que encarna a su espíritu sólo podemos responder con perplejidad, hasta tal punto que cuesta asumir en un principio que ese que estamos viendo sea Bruce y que el protagonista no le tome más bien por un chino loco que se ha colado por su ventana. Y eso a pesar de que el actor elegido para encarnarlo sea Kim Tai Chong, también conocido como Tong Lung, quien ya se encargó de suplir a la leyenda en los brucexploitations Juego con la muerte (Game of death. Robert Clouse, 1978), la sensacional El último combate (Game of death 2. Ng See Yuen, 1981) y Jackie y Bruce al rescate (Jackie and Bruce to the rescue. Wu Chia Chun, 1982). No obstante, ante una idea tan demencial no podemos hacer otra cosa que rendirnos e incluso celebrarla.
Siguiendo con los motivos por los que es recomendable la película, tenemos que destacar algo muy importante: Retroceder nunca, rendirse jamás está filmada en 1985 por un chino en Estados Unidos. ¿Qué significa eso? Pues imagínense: Corey Yuen mete en ella todo lo que considera que mola de los USA, con la visión inocente y dada al asombro de quien llega a un país y sólo conoce lo que ha visto por televisión sobre el mismo. Esto hace que la película sirva como resumen de todo lo que en esos momentos lo petaba: hamburgueserías, breakdance, rap, bicicletas bmx, skateboards, disfraces de Michael Jackson, barbacoas al lado de la piscina... Todo lo que cualquier chaval de la época quería ver en una película, a lo que además se sumaban unas escenas de lucha que dejaban en pañales a las de cualquier otra filmada en norteamérica durante esos años. Hay entonces un choque de culturas en la producción que enriquece al conjunto, haciéndola muy interesante para el público occidental ya que reúne a actores caucásicos (con los que se puede identificar más fácilmente que con los orientales) con las coreografías marciales propias de las mejores cintas de acción Made in Hong Kong, todo sin caer en el ridículo, que es lo que le sucedería a una cinta posterior titulada The Master (Ídem. Tsui Hark, 1992), en la que Jet Li hacía las américas con patética fortuna.
Cabe destacar que existen distintos montajes de la película: en el momento de su estreno tenía una duración de 85 minutos, pero años después fue reeditada para el mercado del vídeo británico reduciéndola a 79. Esta versión es la que se emitió en las televisiones de nuestro país. Sin embargo, la única copia disponible ahora mismo tanto aquí como en el extranjero es una versión presuntamente uncut que en realidad resulta peor que la anterior, ya que cuenta con una banda sonora menos vibrante, títulos de crédito distintos, le faltan algunas secuencias (irónicamente, ya que es más larga) que hacen incomprensibles ciertos momentos posteriores (no explica de dónde viene la relación entre Jason y Kelly, por ejemplo, y se hace mención a una escena previa que el público no puede ver en este montaje), añade innecesarios flashbacks en momentos clave (en mitad de un combate, por ejemplo) y cambia el orden de algunos acontecimientos. Sin olvidar que viene en una versión en fullscreen propia de un workprint al que le falta transferir al formato correcto, lo que hace que en algunos instantes se aprecien micrófonos y focos que deberían quedar fuera de plano. Una verdadera lástima que no esté disponible en DVD o Blu-Ray el montaje de menos de 80 minutos que, sin duda, convertía el visionado de la película en una experiencia más emocionante y satisfactoria que con la mediocre versión extendida.
El Legado:
Pese a su minúsculo presupuesto, Retroceder nunca, rendirse jamás logró estrenarse en algunas salas norteamericanas y multiplicar por cinco la inversión sólo en su paso por los cines, convirtiéndose después en un clásico de los videoclubes. Esto se amplificó cuando la cinta se explotó en vídeo en Europa años después (bajo el nombre de Karate Tiger en algunos países). A España llegó una vez que Van Damme ya había adquirido popularidad con títulos posteriores. La Seasonal Films, viendo el potencial de crear una saga protagonizada por los personajes de Jason Stillwell e Ivan Kraschinsky, idearon una secuela ambientada en Bangkok, pero tanto Kurt McKinney como Van Damme rechazaron ambos papeles, el primero porque no quería rodar en Tailandia, siendo reemplazados respectivamente por Loren Avedon y Matthias Hues, lo que obligó a un cambio en el nombre de los personajes y a abortar la continuidad argumental. Su título sería Secuestro en Bangkok (No retreat, no surrender 2: Raging Thunder. Corey Yuen, 1987) y en ella también aparecían figuras importantes del cine de artes marciales como Cynthia Rothrock y Hwang Jang Lee. La Seasonal siguió aprovechando el filón y puso al director Lucas Lowe al mando de tres películas que fueron estrenadas en algunos sitios como secuelas de las anteriores, todas con Keith W. Strandberg en el guión: Loren Avedon repetiría protagonismo (que no papel) en Hermanos de sangre (No retreat, no surrender 3: Blood Brothers. Lucas Lowe, 1990) y El rey de los Kickboxers (The King of the Kickboxers. Lucas Lowe, 1990), mientras que el más desconocido Reese Madigan encabezó el cartel de American Shaolin (Ídem. Lucas Lowe, 1992). Ninguna de ellas contaría con la repercusión (aunque fuera a pequeña escala) de la original. Y, como hemos dicho, no guardaban ninguna relación con la primera parte más allá de estar producidas por el mismo equipo.
Kurt McKinney rechazó aparecer en El Guerrero Americano III (American Ninja III: Blood Hunt. Cedric Sundstrom, 1989), otra vez por no querer desplazarse al país de rodaje (en este caso Sudáfrica) y lo pagó caro, quedándose anclado en pequeños papeles para la televisión y una única incursión más en el cine de acción y artes marciales: Sworn to Justice (Ídem. Paul Maslak, 1996), junto a Cynthia Rothrock. En cuanto a Jean-Claude Van Damme, pocos meses después del estreno de la película que nos ocupa se encontraba en Hong Kong filmando la cinta que le hizo famoso en todo el mundo... Contacto Sangriento (Bloodsport. Newt Arnold, 1988). El resto, como se dice, es historia. Y nosotros se la contaremos.
Curiosidades:
- Jean-Claude Van Damme consiguió el papel de Ivan Kraschinsky después de superar un casting en una escuela de Karate. Según contaba el propio Van Damme en una entrevista publicada en 2008 en la web A.V. Club, tuvo que demostrar sus habilidades ante un jurado formado por tres miembros del equipo de la película. Afirma que había un tipo en la sala que no dejaba de pavonearse y de intimidar a los demás, pero Jean-Claude consiguió tumbarle de un golpe y fue así cómo los productores decidieron darle el papel.
- Corey Yuen estaba frustrado porque el protagonista, Kurt McKinney, decía que no podía rodar él mismo la escena en la que da una patada a un saco mientras tiene la otra pierna colgando de una cuerda. El propio Yuen realizó el movimiento ante sus ojos para que viera que era posible y conseguir que se animara. Finalmente, como queda reflejado en el film, McKinney fue capaz de llevar a cabo el golpe.
- Los planos en los que se ve a McKinney haciendo flexiones con dedos estaban trucados. En realidad tenía un cable sujeto a la espalda con el que los especialistas iban tirando de él para que pareciera que hacía flexiones. El cable quedó camuflado con el árbol que aparece al fondo del plano.
- Mang Hoi, actor al que podemos ver en Zu: Guerreros de la Montaña Mágica (Zu: Warriors of the Magic Mountain. Tsui Hark, 1983) o Brandon Lee: Continúa la leyenda (Legacy of Rage. Ronny Yu, 1986), fue en realidad quien realizó la patada en salto hacia atrás que ejecutan primero el personaje de Sensei Lee y finalmente el de Jason Stillwell en la pelea contra Ivan.
- Las escenas que comparten Kurt McKinney y Kim Tai Chong (Jason y Sensei Lee, respectivamente) fueron filmadas hablando cada uno en su idioma propio, por lo que ninguno de los dos sabía qué le estaba diciendo el otro, pero reaccionaban a sus frases por lo que habían leído en el guión.
En Resumen:
- LO MEJOR: El recital de patadas que ofrece Van Damme, con la inestimable ayuda de la estupenda planificación de las peleas que lleva a cabo Corey Yuen.
- LO PEOR: No darle una oportunidad por el hecho de que Van Damme sólo salga al principio y al final del film. Y que sólo esté disponible en DVD la versión mala.
- LA SECUENCIA: El cara a cara final entre McKinney y Van Damme, cuando se produce entre ellos un reencuentro después de que el protagonista se haya convertido en alguien más poderoso y letal.
VANDAMMÓMETRO
TRÁILER






8 comentarios:
Esta entretenida la peli.
Gran trabajo PJ Tena.
Muchas gracias. En unos días estará listo el post de 'Contacto sangriento'. :)
Grande repaso a un film inolvidable de los 80s. Y a la entrada en acción de Van Damme.
PD: El VanDommómetro explotara con Blanco Humano. Auguro.
J.Glez.
Claro que explotará, Glez, jeje. A ver si retomo el post de 'Contacto sangriento', que lo tengo a medias.
El n° 1!!
Y los caretos de Van Damme son absolutamente dignos de ver!!!!
esta pelicula me hace llorar, representa mi adolescencia, en esa epoca yo tenia 19 años, pero la verdad este van damme de 25 años, lo agarra a cualquiera hoy dia y lo hace trizas
hay alguien en el mundo que sepa que ejercicios hacer para poder abrirse de piernas, hace 10 años que hago elongaciones y no puedo llegar asi como van damme
Publicar un comentario en la entrada