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sábado, 16 de julio de 2011

Contacto Sangriento (Bloodsport. 1988)


Título Original: Bloodsport. / Director: Newt Arnold. / Productor: Mark DiSalle, Yoram Globus, Menahem Golan. / Guión: Christopher Cosby & Mel Friedman, según un argumento de Sheldon Lettich. / Fotografía: David Worth. / Montaje: Carl Kress, Jean-Claude Van Damme (sin acreditar). / Música: Paul Hertzog. / Reparto: Jean-Claude Van Damme (Frank Dux), Donald Gibb (Ray Jackson), Leah Ayres (Janice Kent), Norman Burton (Helmer), Forest Whitaker (Rawlins), Roy Chiao (Senzo Tanaka), Philip Chan (Capitán Chen), Bolo Yeung (Chong Li). / Nacionalidad: Estados Unidos. / Duración: 92 minutos. / Productora: Cannon International. / Distribuidora en España: Ízaro Films (Cines), Warner Home Video (VHS). / Fecha de estreno en cines norteamericanos: 26 de Febrero de 1988. Fecha de estreno en cines españoles: 1 de Junio de 1988.  / Presupuesto: $1,100,000 (estimado). Recaudación: $11,806,119 (EEUU) / €362,082 (España).

Sinopsis:
Cada cinco años se celebra en Hong Kong el "Kumite", un torneo secreto de artes marciales en el que se enfrentan los mejores luchadores del planeta. Frank Dux (Jean-Claude Van Damme), un agente de la CIA, huye hacia Hong Kong para participar en el Kumite y así honrar a su Maestro Tanaka, cuyo hijo falleció y nunca pudo presentarse al torneo. Allí tendrá que enfrentarse a Chong Li, un temible luchador que no duda en matar a sus contrincantes sobre el tatami y que nunca ha sido derrotado. Al mismo tiempo, Dux tendrá que lidiar con dos de sus ex-compañeros de la CIA, quienes le han seguido con la intención de capturarle y devolverle a los Estados Unidos.



El Proyecto:
A mediados de los años 80, el magnate de la Cannon Menahem Golan guardaba en uno de los cajones de su oficina un guión titulado Bloodsport del que nadie se quería encargar. Escrito por Sheldon Lettich (quien luego sería una figura clave en la filmografía de Van Damme y cuyo trabajo, en esta ocasión, sería reescrito y desarrollado por Christopher Cosby y Mel Friedman) basándose en la figura del luchador real Frank Dux, el libreto proponía una historia centrada en una competición clandestina de artes marciales en la que se batían en duelo luchadores de todo el mundo, con diferentes estilos y distintas motivaciones. En esa época, en Estados Unidos no estaba de moda el cine de artes marciales, salvo por el éxito de Karate Kid (The Karate Kid. John G. Avildsen, 1984) y sus secuelas. El cine de acción que triunfaba en taquilla se centraba en los tiroteos, las explosiones y la fuerza bruta, con los nombres de Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger como figuras más representativas. Pero faltaba alguien que funcionara como nueva estrella del cine de artes marciales, alguien que volviera a poner el género en el candelero y que consiguiera el éxito masivo que no habían alcanzado de manera internacional Chuck Norris o Jackie Chan, ya que ambos eran grandes en su terreno pero no habían llegado a audiencias masivas en todo el globo (independientemente de la calidad de sus películas, algunas de ellas obras maestras en el caso de Jackie Chan, menos logradas generalmente en el caso de Norris). Que Jean-Claude Van Damme conociera a Menahem Golan a la salida de un restaurante y se acercara hasta él fue un golpe de suerte para ambos. El joven Jean-Claude, que a pesar de haber sido el villano de Retroceder nunca, rendirse jamás (No retreat, no surrender. Corey Yuen, 1986) no había encontrado todavía su sitio en el negocio del cine, lanzó una patada circular a Golan y le dijo que era actor. El productor, seguro que más para quitárselo de encima que otra cosa, le dijo que se reuniera con él al día siguiente. Van Damme se lo tomó tan en serio, sabiendo que ahí podría estar esa gran oportunidad que llevaba tanto tiempo buscando, que se pasó horas y horas sentado en la oficina de la Cannon, aguantando pacientemente cada vez que la secretaria le decía que el señor Golan estaba reunido, hasta que éste, sorprendido por la tenacidad del muchacho, decidió hacerle pasar a su despacho. Allí Jean-Claude realizó una exhibición marcial y de inmediato Golan supo que tenía ante él un diamante en bruto que estaba dispuesto a pulir. Cogió el guión de Bloodsport y se lo mostró a  Jean-Claude. Cuando éste le preguntó qué papel tendría, Golan le dijo "Serás el protagonista".

Poco después, Jean-Claude se encontraba en Hong Kong filmando el que sería su primer título como estrella principal, rodeado de un montón de artistas marciales incapaces de hacer sombra a su presencia, su forma física y su gracilidad a la hora de luchar en la pantalla. El presupuesto manejado no era demasiado alto ni siquiera para los estándares de la época, ni para los márgenes en los que se movían otras producciones de la Cannon. Para que se hagan una idea de hasta qué punto estamos hablando de una producción económicamente menor, tengan en cuenta que ese mismo año Masters del Universo (Masters of the Universe. Gary Goddard, 1987) contó con un presupuesto estimado en 22 millones de dólares, algo desorbitado en comparación con el escaso millón que la Cannon invirtió en Contacto Sangriento. Al fin y al cabo se entiende la desconfianza de Menahem Golan y Yoram Globus en el proyecto. Como hemos dicho, el cine de artes marciales no vivía su mejor momento, ni siquiera allá donde nació, en Hong Kong, donde por esa época eran más populares los thrillers de acción nacidos a raíz de los primeros éxitos de John Woo. También hay que pensar que en 1987, año en el que se filmó la película que nos ocupa, Van Damme todavía no era nadie dentro de la industria, simplemente un joven lleno de entusiasmo, con ganas de comerse el mundo pero con poca idea de actuación, alguien que todavía no dominaba del todo el inglés y que, sin embargo, tenía el valor para cargar sobre sus hombros el peso de un papel protagonista. Para los magnates de la Cannon Contacto Sangriento sólo era una película más con la que engrosar las estanterías de los videoclubes. Y eso se nota incluso en la elección del director: Newt Arnold poseía una vasta experiencia como asistente o director de segunda unidad en multitud de títulos que van desde El Padrino. Parte II (The Godfather: Part II. Francis Ford Coppola, 1974) a Blade Runner (Ídem. Ridley Scott, 1982) o Los Goonies (The Goonies. Richard Donner, 1985). Pero como director absoluto sólo poseía en su currículo dos lejanas producciones de terror de Serie B, Hands of a stranger (1962) y Blood thirst (1971). Contacto Sangriento, de hecho, fue su última película como director, volviendo luego a ejercer de asistente o encargado de la segunda unidad en multitud de proyectos tan dispares como Red Scorpion (Ídem. Joseph Zito, 1988), Abyss (Ídem. James Cameron, 1989), Las Tortugas Ninja II: El secreto de los mocos verdes (Teenage Mutant Ninja Turtles II: The secret of the ooze. Michael Pressman, 1991), El último gran héroe (Last action hero. John McTiernan, 1993) o Un plan sencillo (A simple plan. Sam Raimi, 1998).

Sin embargo, para Jean-Claude Van Damme este trabajo suponía una prueba de fuego, ya que podría significar su entrada con honores en Hollywood o todo lo contrario: si la cinta fracasaba, sabía que no le darían muchas más oportunidades para triunfar en el mundo del cine, al menos no de manera inmediata y mucho menos como protagonista. Por eso sufrió tanto cuando vio la película una vez terminada y se dio cuenta de que era un desastre. Los de la Cannon pensaron lo mismo, aunque para ellos no era una cuestión personal. Así que pasaron el montaje inicial en algunos cines de Hong Kong sin conseguir demasiado entusiasmo entre los asistentes. Jean-Claude no quería que su puesta de largo como héroe de acción se quedara ahí, así que propuso un trato a Golan: él mismo se encargaría de montar la película de nuevo si le dejaba algo de tiempo antes de lanzarla al mercado estadounidense tal y como estaba en ese momento. Con la ayuda de Carl Kress, que había ganado un Oscar por el montaje de El coloso en llamas (The towering inferno. John Guillermin, 1974), y empleando más horas frente a la moviola de las saludablemente recomendables, Jean-Claude no cejó en su empeño de conseguir una versión de la película más depurada, elegante y espectacular, aprovechando el material que tenían filmado para lograr un montaje diferente en el que, además de dar con un acabado más profesional, pudiera lucirse personalmente con una mayor eficacia, consciente de que Contacto Sangriento no era sólo una película, sino su carta de presentación para una industria cinematográfica en la que quería destacar y quedarse. Cuando los dueños de la Cannon volvieron a ver la cinta se dieron cuenta de que la mejora había sido considerable y que, ahora sí, tenían entre manos un producto que cumplía los estándares mínimos para ser estrenado en salas de cine periféricas de los Estados Unidos. Así se hizo y, poco a poco, gracias al boca-oreja perpetrado por los fans de las artes marciales, Contacto Sangriento encontró su público y consiguió multiplicar por diez el dinero invertido en ella, generando además pingües beneficios cuando fue lanzada en vídeo y convirtiéndose en una película de culto inmediato entre los aficionados a las hostias y los músculos.




La Película:
Cuesta encontrar fans de Van Damme que no citen Contacto Sangriento entre sus cinco películas favoritas del actor. Incluso es habitual que ésta se encuentre en cabeza de la lista. Sin embargo, es justo reconocer que la película posee más valor icónico y fundacional que cinematográfico, tratándose desde este punto de vista de un producto tosco y repetitivo que sería superado por títulos posteriores de nuestro actor favorito. Su argumento se reduce al mínimo y no es más que una excusa para situar a los personajes en medio de una competición de artes marciales. En comparación, Operación Dragón (Enter the Dragon. Robert Clouse, 1973), quizá su referente más evidente, poseía un argumento más rico en todos los sentidos, con un protagonista algo más complejo, una subtrama de espionaje y acción, personajes secundarios con historias propias y mejor explicadas, mayor suntuosidad escenográfica e incluso dosis mejor insertadas de filosofía oriental y del espíritu místico de las artes marciales. En Contacto Sangriento todo ello brilla con menor intensidad: la sinopsis, como hemos dicho, se puede resumir en una línea; el protagonista está trazado con pincel grueso, siendo un personaje sin dobleces ni verdadera alma; aquí la subtrama de persecución e infiltración está mal resuelta, plasmada únicamente con esa aparición ocasional de los agentes de la ley que persiguen a Frank Dux sin que supongan un peligro real para él; los personajes secundarios tienen el grosor dramático de un papel de fumar, siendo descritos con tópicos (la periodista ambiciosa, el americano cachondo, el chino malo...); los escenarios se reducen a lo mínimo, ya que casi toda la acción transcurre en el mismo set, el tatami donde se ejecutan los combates; por último, hay un intento frustrado de captar la esencia de las artes marciales que fracasa porque, a pesar de que parece que el protagonista se apunta al torneo para honrar la memoria de su sensei, lo que de verdad hace es, básicamente, hacerse el chulo. Lo cierto es que tampoco se le podía exigir mucho más a Jean-Claude en ese momento, ya que resulta demasiado evidente la torpeza como actor que tenía en ese instante, algo que conseguiría erradicar en el futuro pero que todavía le traería algunos problemas durante sus primeros años como actor, sobre todo porque a su inexperiencia interpretativa había que sumar la inseguridad que le provocaba desenvolverse con un idioma que no era el suyo. Mención aparte merece el joven que interpreta a Frank Dux en la adolescencia, un tal Pierre Rafini que no volvió a ponerse delante de una cámara, al menos de manera profesional, y que poseía una inexpresividad tan alarmante que, a su lado, Van Damme parecía el Robert De Niro de los buenos tiempos.

Lo mejor de la película surge de manera imprevista e inconsciente. Hablamos de su nivel de abstracción. No podemos decir que sea algo deliberado, porque seguramente no fuera así, pero hay en Contacto Sangriento un grado de depuración narrativa tan importante que resulta una pérdida de tiempo atacar su raquítico guión según las convenciones habituales. Si toda historia tiene un planteamiento, un nudo y un desenlace y sigue una progresión dramática, si los buenos guiones siguen al pie de la letra las propuestas de Christopher Vogler, Contacto Sangriento aísla todo lo que le sobra y casi lo depura hasta convertirlo en la esencia misma del cine de patadas: una decena de tiparracos subiéndose de dos en dos sobre un ring para demostrar quién es el más duro, hasta que sólo queden dos elementos y se tenga que resolver la incógnita con la pelea más dura y sangrienta de todas, de la que sólo uno saldrá por su propio pie. Podemos tildar la película de simplista, de paupérrima a nivel argumental, pero no se la puede acusar de no tener claros sus objetivos ni de llevarlos casi hasta el extremo, haciendo de la precariedad una virtud (todos los combates transcurren, como ya hemos dicho, en un mismo escenario) y preconfigurando el esquema básico de los videojuegos de lucha que se pondrían de moda poco después gracias a títulos como Pit-Fighter (Atari Games, 1990), Street Fighter II (Capcom, 1991. La primera parte, publicada en 1987, no tuvo demasiada repercusión a pesar de que ya se adscribía a esta tendencia.), Fatal Fury (SNK, 1991), Art of Fighting (SNK, 1992) o Mortal Kombat (Midway, 1992), estos dos últimos con sendos personajes inspirados en mayor o menor medida en la figura de Jean-Claude Van Damme: Robert Garcia, que en la carátula de Art of Fighting tenía una apariencia sospechosamente similar a la del belga, y especialmente Johnny Cage, cuyos movimientos y aspecto están directamente inspirados, según confesión de sus propios creadores, en la representación que de Frank Dux llevó a cabo Van Damme en Contacto Sangriento.

Estamos también ante lo que John Tones definió adecuadamente como La Primera Flipada de Van Damme. Y no sólo de él, sino también de Frank Dux. Se comenta que en realidad el tal Dux no era más que un fantasma que le vendió la moto a medio Hollywood y consiguió hacer su agosto a costa de sus trolas, en las que era descrito prácticamente como un titán olímpico capaz de las mayores proezas marciales. Contacto Sangriento se deja imbuir de ese espíritu y, además de cerrarse con una lista de las teóricas hazañas de Dux sobreimpresionadas sobre una imagen congelada de Van Damme, incluye las típicas flipadas que tanto nos gustan como las de golpear una pila de ladrillos y que sólo se rompa el último (el llamado Dim Mak o Toque de la Muerte...) o aprender a luchar y a servir el té con los ojos vendados (lo cual le vendrá de perlas al protagonista cuando Chong Li le ciegue durante el combate final). No sabemos hasta qué punto difería el primer montaje de la película, pero resulta patente que Jean-Claude, en la versión editada por él, se empeñó en convertir la cinta en una muestra de sus posibilidades acrobáticas, marciales, carismáticas y hasta sexuales. Si en títulos posteriores la apertura total de piernas o las patadas a cámara lenta eran recursos que el actor utilizaba ocasionalmente para potenciar la espectacularidad de un momento determinado, en Contacto Sangriento lleva esos estilemas hasta el paroxismo, abriéndose de piernas siete veces a lo largo del metraje y montando más de la mitad de sus golpes con planos ralentizados, en los que se pudiera ver en todo su esplendor ese cuerpo envidiable que se había labrado a base de Kárate, musculación y... ballet. Detengámonos un momento. Imagínense a Arnold Schwarzenegger o Sylvester Stallone interpretando a un joven con músculos de acero que, además, puede ejecutar saltos gimnásticos, hacer varias patadas seguidas girando 360 grados sobre sí mismo y enamorando de paso a la chica de turno. No pueden. Y ahí está la clave del éxito de Van Damme en general y de Contacto Sangriento en particular: al contrario que otros mazacotes incapaces de moverse con fluidez, o a diferencia de algunos actores de acción que no eran capaces de expresar NADA con sus rostros (pensemos en Chuck Norris o Michael Dudikoff, por no salirnos de la Cannon), Jean-Claude reunía una serie de elementos poco comunes entre los astros del género, entre los que se encontraban una mezcla inaudita entre fortaleza física y agilidad, además de una capacidad casi sin precedentes para atraer tanto al público masculino como al femenino, que es algo que no sucedía, dentro del marco del cine de acción, desde que Bruce Lee falleciera en 1973. Y, sí, hablo en términos sexuales. Van Damme ya avisaba aquí de una de sus constantes futuras: enseñar el culo. Un culo capaz de provocar tantas envidias entre el público heterosexual masculino como entre el homosexual o el femenino. Ahora vuelvan a pensar en Chuck Norris. ¿A que no es lo mismo?

Pero este largometraje merece mayor atención que la que le podamos prestar como showreel de Van Damme. Ya hemos hablado de su valor icónico, pero también hay que resaltar su fuerza estética. Contacto Sangriento tiene la gran virtud de ser una película de hostias en la que las peleas se entienden. Y esto, que parece baladí, no es algo que se prodigue tanto en el cine de acción norteamericano, especialmente durante las dos últimas décadas. Pero es que ni siquiera se daba con tanta asiduidad en el de la etapa dorada del género, a veces porque sus protagonistas eran en realidad zoquetes que quedaban bien frente a la cámara pero no tenían ni pajolera idea de artes marciales (Michael Dudikoff, de nuevo), y en otras ocasiones porque, a pesar de poseer conocimientos en distintas disciplinas de lucha, a la hora de desenvolverse frente a un equipo de cine no daban pie con bola (piensen en Don "The Dragon" Wilson, quien podrá tener todos los títulos que quiera, pero como actor de acción no vale un pimiento). Aquí, en cambio, se reúne una serie de luchadores en estado de gracia, representando estilos diversos y demostrando personalidades intransferibles. Entre ellos podríamos destacar a tres: Bolo Yeung (Chong Li) era una estrella en Hong Kong que ya había compartido cartel con Bruce Lee en Operación Dragón y volvería a luchar contra Van Damme en Doble Impacto (Double Impact. Sheldon Lettich, 1991); Michel Qissi (Suan Parades) era amigo personal de Jean-Claude, ya estuvo junto a él en la pequeña aparición que hicieron en Breakin' (Ídem. Joel Silberg, 1984) y después sería el temible Tong Po en Kickboxer (Ídem. Mark DiSalle, David Worth, 1989), además de aparecer también en Lionheart, el luchador (Lionheart. Sheldon Lettich, 1990); finalmente citaremos a Paulo Tocha, experto en Muay Thai que durante una época se hacía llamar Bruce Stallion (cuando protagonizaba esas tremendísimas pelis de ninjas de colores) y que también trabajó con Van Damme posteriormente en Libertad para morir (Death warrant. Deran Sarafian, 1990) y Salvaje (In hell. Ringo Lam, 2003). El hecho de que todos ellos supieran luchar de verdad facilitó mucho las cosas a Newt Arnold y al propio Frank Dux, quien se encontraba detrás de las coreografías. Y eso se nota en la película, ya que muestra peleas variadas y espectaculares con una claridad cristalina. Éstas son las que hacen avanzar realmente el argumento, ya que la trama de honor y venganza protagonizada por Frank Dux acaba palideciendo ante lo que de verdad importa en esta ocasión, ese festival del tortazo limpio y estiloso de hora y media en el que se convierte Contacto Sangriento, aderezado con adecuadas dosis de humor y presidido por el carisma imbatible de Van Damme, quien se lo jugaba todo en esta película y se entregó en cuerpo y alma hasta conseguir ver un resultado final que le satisficiera y del que sentirse orgulloso. Y el hecho de que, más de veinte años después de su estreno, se siga recordando este título como uno de los más destacables e influyentes de su época es una buena prueba de que no se equivocaba.




El Legado:
Recientemente, en el reality Behind Closed Doors que pueden ver aquí mismo, Bolo Yeung comparaba a Van Damme con Bruce Lee. Decía que "primero estuvo Bruce Lee, después Jean-Claude Van Damme y después... ¿quién?". Y no le falta razón. Desde el estreno de Contacto Sangriento, ninguna otra película de artes marciales ha conseguido lanzar con tanta fuerza la figura de un nuevo héroe de acción, capaz de brillar con personalidad propia y de labrarse una carrera de largo recorrido en la que haya tenido la oportunidad de reinventarse y, al mismo tiempo, mantenerse fiel a sus principios. Si Contacto Sangriento no amasó una recaudación mayor en su momento fue porque las películas de la Cannon no se estrenaban en grandes salas y eso le puso un límite que no pudo salvar en ese momento. Sin embargo, a lo largo de los años y gracias al formato doméstico (no en España, donde la película sigue misteriosa y vergonzosamente inédita en formato digital) y a los pases televisivos, la cinta se granjeó una reputación cada vez mayor hasta convertirse en la pieza de culto que es hoy en día, siendo adorada por miles de fans por suponer el pistoletazo se salida como protagonista de la carrera del Belga de Oro.

Poco amigo de las secuelas en ese momento, Jean-Claude no participó en Bloodsport II: La mano de hierro (Bloodsport II: The next Kumite. Alan Mehrez, 1996), continuación libre que copiaba el estilo de los combates y el contexto del Kumite, pero en la que el personaje de Frank Dux no aparecía por ningún lado, siendo el de Ray Jackson (interpretado de nuevo por Donald Gibb) el único que repetía de la primera parte. Como protagonista eligieron a Daniel Bernhardt, modelo suizo que había coincidido en un spot televisivo con Jean-Claude Van Damme en 1985 para Gianni Versace. Su relativo parecido con el belga y su experiencia como luchador en varias disciplinas fue suficiente para que le pusieran en cabeza de cartel de una secuela del éxito de 1988, a pesar de que el personaje que interpretaba era distinto al que hiciera Van Damme. La cosa no debió funcionar mal del todo, si tenemos en cuenta que muy poco después se estrenaba Combate sangriento (Bloodsport III. Alan Mehrez, 1996) y que todavía habría una más, Condenado a matar (Bloodsport 4: The Dark Kumite. Elvis Restaino, 1999), que ya no tenía absolutamente nada que ver con las anteriores pese al título y con Bernhardt dando vida a otro (¡otro más!) personaje diferente.

Durante años, los fans de Van Damme han soñado con una hipotética secuela oficial de Contacto Sangriento. Consciente de ello, el propio actor ha intentado en varias ocasiones llevar a cabo el proyecto, pero lamentablemente sin éxito. Una disputa con Frank Dux que acabó en los juzgados y que se gestó durante la filmación de The Quest: En busca de la ciudad perdida (The Quest. Jean-Claude Van Damme, 1996) hizo prácticamente inviable que se volviera a utilizar la identidad de Dux para una secuela, pero aún así Van Damme comenzó a desarrollar el guión de una película que llevaría por título Kumite y hasta apareció en 2004 un cartel que pueden ver en el completo reportaje que nuestro compañero Vanseagal realizó para VanDammeForum. Van Damme interpretaría a Vic "The Cajun" Latour, el único occidental que ha ganado el torneo llamado Kumite y que, después de arrastrarse por el fango del alcoholismo, decide volver a ponerse en forma y presentarse de nuevo para restablecer su honor y su orgullo. Con la preproducción bien avanzada y con Jean-Claude tomando las riendas de la dirección, el proyecto se vino abajo tras varios desacuerdos con los productores sobre el presupuesto, terminando así con las esperanzas de muchos fans que soñaban con volver a ver a su astro en una nueva película de artes marciales. La alarma volvió a sonar 2007, cuando Van Damme afirmó a totalfilm.com que estaba trabajando junto a Sheldon Lettich en una continuación libre de Contacto Sangriento. Se barajaron los títulos de Bloodsport 2: A new beginning e incluso el más sucinto B-2, pero todo volvió a quedarse en una idea. Después apareció un nuevo proyecto titulado The Pitbull, pero el guión propuesto por Van Damme no contó con el apoyo de ningún productor. Y no es de extrañar: en él aparecía de nuevo la figura de un luchador acabado, alcohólico y casi en la indigencia que incluso había abusado de su hijo. Convertir a alguien así en un héroe, buscar la redención de un personaje tan desagradable, era algo que no entraba dentro de los planes de nadie que quisiera poner su dinero en juego para que se llevase a la pantalla tal idea. Un par de años después, Jean-Claude suavizó el argumento y lo mezcló con el de un viejo proyecto titulado The Tower, dando como resultado un guión titulado Karate que dio bastante que hablar en Cannes gracias a su llamativo cartel promocional, pero que, a fecha de hoy, sigue en el limbo de los proyectos cancelados o pospuestos (en este caso no está tan claro) de la estrella.

Lo que sí parece llevar camino de convertirse en una realidad es un remake proyectado para 2013 y que se encuentra en manos del director Philip Noyce. Con Edward Pressman en la producción, la historia de esta nueva Bloodsport se centra en un soldado norteamericano que, después de presenciar los horrores de la guerra de Afganistán, decide marcharse a Brasil para buscar algo de paz. Sin embargo, una vez allí se ve involucrado en un torneo de lucha a vida o muerte llamado Kumite. Todavía no se sabe quién será el protagonista (ni siquiera si finalmente se producirá o no, aunque todo parece indicar que sí), pero el proyecto ya ha desatado las iras de los fans e incluso del propio Jean-Claude, quien sufrió un duro revés cuando rechazaron su participación en la película alegando que era demasiado viejo. Si bien es lógico que busquen un nuevo protagonista, no hubiera estado de más que Van Damme estuviera presente de algún modo, ya que gracias a él Contacto Sangriento es conocida en todo el mundo. Porque hay algo que resulta bastante evidente: Contacto Sangriento le debe más a Van Damme que Van Damme a Contacto Sangriento, en el sentido de que la película fue un éxito gracias a la interpretación del actor y a sus habilidades físicas, pero podríamos pensar que de no haber existido Contacto Sangriento y haber sido Kickboxer el primer título como protagonista de Jean-Claude, él habría triunfado de todos modos, pero no al revés, ya que Contacto Sangriento con otro protagonista posiblemente hubiera pasado desapercibida. Van Damme resume este galimatías de mejor modo en una frase que dice en Behind Closed Doors: "Es como si hicieran Rocky sin Stallone". Pues eso.



Curiosidades:

- Según la opinión de Frank Dux, Van Damme no estaba del todo preparado físicamente para encarnarle en la película, así que él mismo le sometió a un duro entrenamiento de tres meses que el actor calificó como el más duro de su vida.

- En una de las secuencias se puede ver cómo Jackson y Dux juegan un par de partidas a un videojuego. Se trata de Karate Champ, desarrollado por Technos y lanzado en 1986. Su sistema de control, basado en dos joysticks direccionales y con ausencia de botones de acción, difiere notablemente del que tendrían los juegos de lucha posteriores. Se puede jugar a él gracias al emulador MAME, aunque resulta ciertamente arcaico y poco divertido.

- En el póster español de la película, concretamente en la ficha técnica y artística que aparece en la parte de abajo, se puede leer un título distinto al de Contacto Sangriento. En lugar de éste, aparece escrito El tigre de Hong Kong. Esto es así porque estuvo a punto de titularse de ese modo en nuestro país, aunque finalmente se optó por una variación afortunada del título original, que literalmente significaría Deporte Sangriento. No en todos los lugares se respetó lo de Bloodsport: en Argentina y Brasil se la conoce como El gran dragón blanco, en Portugal se traduce como Fuerza destructora, en Suecia es El desafío y en Perú es nada menos que Retroceder nunca, rendirse jamás 3.

- A pesar de que la MGM lanzó la película en DVD en muchos países, en España no tuvimos tanta suerte y jamás ha aparecido en formato digital. Según la página web del Ministerio de Cultura, Contacto Sangriento fue registrada por Izaro Films el 30 de Mayo de 1989 para explotarla en vídeo. Poseyó los derechos hasta el 4 de Agosto de 1992. El 4 de Octubre de 1995 los compró la Warner y los retuvo hasta el 31 de Enero de 2000, lanzándola también en una nueva edición de VHS. El misterio viene a continuación: 20th Century Fox compró los derechos de explotación el 10 de Febrero de 2000, al mismo tiempo que se hacía con los de Cyborg, Libertad para morir y Doble Impacto. Sin embargo, sólo estos tres fueron editados en DVD, pero no Contacto Sangriento, sin que podamos saber el motivo. El acuerdo caduca el 31 de Julio de 2011 y sigue siendo una incógnita qué ocurrirá después con la película, si bien es un hecho contrastado que todos los fans esperan una edición como agua de mayo y, a buen seguro, generaría beneficios suficientes a la distribuidora que se atreviera a ponerla de nuevo en el mercado.




En Resumen:
- LO MEJOR: La presentación de Jean-Claude Van Damme como nuevo héroe del cine de acción, totalmente diferente a las estrellas de la época, y en un momento físico espectacular que era aprovechado al 100% en las numerosas secuencias de lucha.
- LO PEOR: La repetición de algunas escenas para hacer bulto (el segundo paseo por los pasillos que conducen al Kumite se hace eterno) y la falta de emoción de la historia en comparación con títulos posteriores como Kickboxer o Lionheart.
- LA SECUENCIA: Cada una de las secuencias de entrenamiento y, por supuesto, el enfrentamiento final contra Chong Li.


VANDAMMÓMETRO


TRÁILER

4 comentarios:

JUAN dijo...

Impresionante Análisis!

Enhorabuena Pedro.

Me ha encantado no sabia lo del entrenamiento que Dux le hizo a Van Damme, aunque este tipo siempre fue un poco fantasma.

Un saludo

PJ Tena dijo...

¡Gracias, Juan!

El próximo será el de 'Black Eagle', que seguramente no será tan extenso, jeje. ¡Lo prometo!

Anónimo dijo...

Tremendo repaso a una cinta que a pesar de sus defectos (perfectamente analizados por ti) es un film imprescindible dentro de la filmo de su protagonista.

Secundo eso de que KickBoxer, y sobre todo LionHeart son mejores largometrajes de artes marciales, y sobre todo el personaje de Lion Gaultier, es el que más alma, y más hondo llega al corazón del espectador de todos los interpretados por Van Damme en los 90s, junto al Darren McCord de `Sudden Death´.

J. Glez.

dante cantabria dijo...

fantastica.. En mi opinion una obra imprescindible para los que nos gustan las pelis de hostias... Y no a envejecido nada mal