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viernes 28 de octubre de 2011

Black Eagle - Águila Negra (Black Eagle. 1988)



Título Original: Black Eagle. / Director: Eric Karson. / Productor: Shimon Arama. / Guión: Michael Gonzales & A.E. Peters, según un argumento de Shimon Arama. / Fotografía: George Koblasa. / Montaje: Michael Kelly. / Música: Terry Plumeri. / Reparto: Sho Kosugi (Ken Tani), Jean-Claude Van Damme (Andrei), Doran Clark (Patricia Parker), Bruce French (Father Joseph Bedelia), Vladimir Skomarovsky (Col. Vladimir Klimenko), William Bassett (Dean Rickert), Kane Kosugi (Brian Tani), Shane Kosugi (Denny Tani). / Nacionalidad: Estados Unidos. / Duración: 88 minutos. / Productora: Rotecon B.V., Magus Productions. / Distribuidora en España: TriPictures (VHS), Creative Films (DVD). / Fecha de estreno en cines norteamericanos: 19 de Mayo de 1988. Fecha de lanzamiento en videoclubes españoles: 10 de Enero de 1990.  / Presupuesto: $3,000,000 (estimado). Recaudación: EEUU: $ 8,693,571 / Mercado Internacional: $12,542,000. Recaudación total: $20,235,571

Sinopsis:
Un potente láser propiedad del ejército norteamericano queda perdido en el Mar Mediterráneo después de que el F-11 que lo transportaba haya sido derribado. La CIA envía a Malta a su mejor agente, Ken Tani (Sho Kosugi), nombre en clave Águila Negra, quien tendrá las horas contadas para recuperar el láser localizador de dispositivos. Y no sólo eso: al mismo tiempo que intenta proteger a sus hijos y cumplir su misión, también deberá enfrentarse al Coronel de la KGB Vladimir Klimenko y al experto en artes marciales que este tiene en nómina, el letal Andrei (Jean-Claude Van Damme).



El Proyecto:
Cuesta asumir que Black Eagle fuera la siguiente película en la filmografía de Jean-Claude Van Damme después del éxito de Contacto Sangriento (Bloodsport. Newt Arnold, 1988), ya que si en la cinta producida por Cannon Films interpretaba al héroe, a la estrella principal, en esta nueva película se tenía que conformar con ser el segundo en el reparto, dando vida de nuevo al villano de la función como ya hiciera en Retroceder nunca, rendirse jamás (No retreat, no surrender. Corey Yuen, 1986) y dejando el protagonismo a Sho Kosugi, por aquel entonces toda una estrella de los cines de Serie B y los videoclubes gracias a la popularidad de su saga ninja compuesta por La justicia del Ninja (Enter the Ninja. Menahem Golam, 1981), La venganza del Ninja (Revenge of the Ninja. Sam Firstenberg, 1983) y Ninja III: La dominación (Ninja III: The domination. Sam Firstenberg, 1984). En ese sentido, se podría decir que Black Eagle supuso un paso atrás para la carrera del belga si no fuera porque los acontecimientos no siguieron un orden lógico, como veremos a continuación.

Ya explicamos en el anterior capítulo que Contacto Sangriento no tuvo un estreno inmediato, sino que la película que conocemos fue fruto de un remontaje urdido por el propio Van Damme para convertir su debut como héroe de acción en algo aprovechable. En su contra estaban los gerifaltes de la Cannon, dispuestos a dejar el film en tierra de nadie y a considerarlo simplemente un manchurrón en su historial de éxitos rápidos. Durante el tiempo que transcurrió entre que Contacto Sangriento fue rodada y finalmente se estrenó, Jean-Claude no perdió el tiempo. Pensó que, si en Cannon Films no le iban a dar más trabajo después de la espantosa reacción inicial que tuvo su primera película con ellos, debía seguir buscando nuevos proyectos con los que llegar a convertirse en esa estrella del cine que sabía que estaba destinado a ser. Así es como debió entrar en contacto con Ash R. Shah y Sunil R. Shash, responsables de la distribuidora Imperial Entertainment. Con el apoyo económico de estos, el productor Shimon Arama escribió un argumento que sirvió de base para el que sería su primer y único trabajo junto a Van Damme. El director escogido era alguien que ya tenía experiencia en el cine de artes marciales, Eric Karson, antiguo documentalista que debutó en la ficción al servicio de Chuck Norris en Duelo final (The Octagon. Eric Karson, 1980).

El proyecto no serviría para asentar la figura de Van Damme como action-hero, pero el belga seguramente decidió que mejor esto que nada, y que si de momento no podía convertirse en astro por derecho propio sí que podría aprovechar el rédito de Retroceder nunca, rendirse jamás. Lo que ocurrió fue que poco después del rodaje de Black Eagle, Contacto Sangriento llegó a las pantallas de todo el mundo y lanzó a la fama a su protagonista, con lo cual esta nueva película se convirtió en un producto que no encajaba demasiado bien dentro de su progresión como estrella. Si bien para el actor se trataba de un trabajo alimenticio que debía quitarse de en medio cuanto antes para seguir ascendiendo, para sus productores Black Eagle se convirtió de repente en un regalo inesperado, en una manera fácil de hacer caja. Ahora no tenían sólo a un titán del cine de acción en su reparto, sino a dos. Black Eagle era Sho Kosugi versus Jean-Claude Van Damme, el famoso Ninja de la Cannon contra la nueva sensación del cine de artes marciales de Occidente. Eso convirtió a la película en un éxito inesperado, más que nada porque aprovechaba la figura de Van Damme con fines publicitarios a pesar de que él no era el actor principal, y en ese momento, tras Contacto Sangriento, todos querían más patadas del Belga de Oro. Desgraciadamente, Black Eagle no tiene nada que ver a nivel de calidad con el anterior trabajo de Van Damme, sino que se trata de la peor película de toda su filmografía.




La Película:
Esta afirmación tan categórica puede sonar a exageración si tenemos en cuenta que, en años posteriores, Van Damme protagonizaría títulos tan malogrados como Sin control (Derailed. Bob Misiorowski, 2002) o En territorio enemigo (Second in command. Simon Fellows, 2006), la primera de ellas cumbre de la caspa involuntaria y la segunda una tristísima serie B de acción rodada directamente para el vídeo. Pero, insisto, Black Eagle es el punto más bajo que ha rozado la filmografía de Van Damme.

No es que Retroceder nunca, rendirse jamás fuera una producción de primera categoría desde un punto de vista estándar, pero al menos estaba dirigida por un experto director de Hong Kong y lograba plenamente sus objetivos de convertirse en un exploit apañado y ultradivertido de Karate Kid, pasado por el tamiz del cine clásico de artes marciales de la ex-colonia británica. En Black Eagle, en cambio, sólo se intuye torpeza detrás de todos y cada uno de sus responsables, desde el departamento técnico al artístico. Pocas veces una película ambientada en parajes como Roma y, principalmente, Malta, ha contado con una fotografía tan desastrosa que arruinara la belleza de sus escenarios naturales.  El guión es un batiburrillo indigesto que aspira a ser una mezcla de las aventuras de James Bond y los thrillers de la Guerra Fría a lo Frederick Forsyth y se queda en nada. La dirección es plana y rutinaria, viéndose agravada por un montaje falto de ritmo y por unos actores que, festival de los acentos aparte, no parecen entender del todo de qué va la película ni qué significan las soporíferas frases con las que tienen que lidiar. Esas largas secuencias en las que los personajes debaten sobre el peligro de las armas de alta tecnología, sobre invasiones capitalistas y otras hierbas, habrían tenido algo de fuste si: a) los actores que enuncian esas frases fuesen capaces de transmitir algo, y b) no estuviesen dirigidas con esa falta de interés. Las escenas de acción son, para colmo, escasas y tampoco hacen mucho por mejorar el asunto. Desde luego, a Sho Kosugi se le ve mucho más cómodo con el traje de Ninja y, aunque aquí también utilice algún truco y en el clímax final aparezca tiznado de betún, en Black Eagle no da demasiadas muestras de ser ese campeón marcial que se supone que es, pareciendo más bien un Jackie Chan con reuma que un experto de las hostias. Aunque, en descargo del actor hay que señalar que no todo es culpa suya (pese a que coreografía las peleas), sino que también hay que responsabilizar a Eric Karson por su nulo sentido del espectáculo. Vean como ejemplo la persecución a pie que comienza en un museo y termina por los tejados de Malta. Tres esbirros siguen a Kosugi para eliminarlo, demostrando una torpeza supina y la misma capacidad para el camuflaje que un elefante detrás de una farola. El héroe consigue zafarse de la amenaza y acaba huyendo por los terrados de la ciudad, saltando de un edificio a otro hasta que logra que su último perseguidor caiga al vacío. Sobre el papel esto promete, pero en la ejecución resulta un desastre. De hecho, y aunque parezca irónico, la secuencia posee tal lentitud que finalmente adquiere un carácter casi mesmerizante.

Tampoco ayuda que Kosugi, barriendo para casa (y haciendo algo que años después repetiría Van Damme), meta en el reparto a sus retoños, Shane y Kane Kosugi. El recurso podría funcionar como parte de un enredo cómico al uso, ya que los niños no saben que su padre es un agente de la CIA y que en realidad se encuentra en Malta por una misión, no de vacaciones. Así, los chavales se ven inmiscuidos en una trama de espionaje internacional en la que son utilizados como moneda de cambio. Utilizar a unos niños como rehenes es algo legítimo en el cine de acción y uno de los recursos habituales para motivar al héroe, pero en Black Eagle no se sabe a ciencia cierta si están en el guión precisamente para eso o, como dejan entrever algunos breves momentos, para aportar cierta comicidad. Kosugi era la estrella, el mayor reclamo comercial del film, él era quien atraería a los fans del cine de acción a las salas (en el mejor de los casos) o a los videoclubes, así que su poder de decisión no sería precisamente moco  de pavo. Sin embargo, no contaba con que su partenaire, ese joven de acento afrancesado que decía que era campeón de Kárate y que había protagonizado una película que nadie había visto titulada Bloodsport, acabaría robándole la función y convirtiéndose en lo único memorable de Black Eagle.

Está claro que, de haberse filmado después del éxito de Contacto Sangriento, las cosas hubieran sido muy distintas. En ese caso, lo más probable es que Van Damme ni siquiera hubiese aceptado participar en una cinta de tan baja ralea. O que no hubiese firmado el contrato si no cambiasen las tornas: él sería el héroe y Kosugi haría de malo. Aún así, es innegable que las aptitudes de Jean-Claude, su carisma y su presencia ante las cámaras resultaban tan evidentes para el director de la película, que no sería de extrañar que los guionistas se vieran obligados a hacer cambios sobre la marcha para otorgarle al actor mayor protagonismo del inicialmente previsto. Porque, en el libreto, el personaje de Van Damme ni siquiera tiene apellido. Es simplemente Andrei, el segundón del villano principal, el brazo ejecutor de un coronel de mediana edad que no aguantaría dos asaltos contra el Águila Negra del título. A priori, el papel del belga en la película debería limitarse a aparecer de vez en cuando y acatar las órdenes de su jefe sin rechistar (hacerle el trabajo sucio y arriesgado, básicamente), sin demostrar ningún tipo de emoción y sin pensar siquiera. La sorpresa surge cuando, desde un primer momento, desde el mismo instante en el que el personaje de Andrei hace acto de presencia, es evidente que Van Damme se come a todos sus compañeros de reparto sin ningún problema, incluyendo a Kosugi. Es decir, lo mismo que ocurría en Retroceder nunca, rendirse jamás, solo que esta vez la presencia de nuestro actor favorito es mucho más constante durante el metraje, hasta tal punto que termina convirtiéndose en la estrella absoluta de la película pese a aparecer en ella menos minutos que el protagonista y a estar casi siempre en segundo plano. Andrei adquiere rasgos poco comunes para el arquetipo al que representa, dando la sensación de que, quizá, al fin y al cabo no sea mala persona, sino simplemente un tipo confundido que se ha dejado llevar por el camino del mal (o así). Prueba de esto es que el personaje tiene incluso un interés romántico, se enamora de otra subalterna del Coronel Klimenko y juntos planean "dejar todo esto y ser felices". Pero también es un profesional y por eso tiene que impedir que el agente Tani, el Águila Negra, consiga desbaratar los planes de su jefe. Así que al final muere. Y aquí se da otra peculiaridad, como es que el héroe se vea incapaz de derrotar a su rival en ninguna de las tres veces en las que se enfrentan, teniendo que huir con el rabo entre las piernas al comprender que no tiene nada que hacer contra él en una pelea. Es Van Damme el invencible, pese a que haga de malo. Y al final, Andrei fallece sólo porque, de algún modo, se sacrifica para evitar que su amada muera. Es entonces cuando, sin que casi nos hayamos dado cuenta, y sin que sea algo premeditado, el personaje de Van Damme se transforma definitivamente en el mejor del film y el de Kosugi pasa a ser todavía más odioso, si es que podía serlo.

Se podría decir entonces que, pese a todo, pese a ser considerablemente aburrida, anodina, repetitiva... incluso fea, Black Eagle merece ser vista por cualquier fan de Van Damme porque es una de sus más tempranas muestras de algo que luego sería la tónica general: su fuerte personalidad, su hipnótica manera de luchar, su imponente físico y su capacidad (a veces, inconsciente) para ir en contra de lo que se supone que debe hacer, son elementos suficientes para convertirle en lo mejor de cualquier proyecto en el que se embarque, para aportar singularidad, espectacularidad, sensibilidad y fuerza hasta a las películas más infames, aunque todo lo que haya a su alrededor sea, como en este caso, basura pestilente.




El Legado:
Como hemos visto, Black Eagle consiguió amasar una suma de dinero considerable gracias a que se estrenó a rebufo de Contacto Sangriento. Así, no es de extrañar que los productores quisieran atar por contrato al nuevo niño mimado del cine de artes marciales (dicho esto desde el respeto, claro). Por suerte para Jean-Claude y para todos nosotros, no rescindió su acuerdo con la Cannon y pronto rodaría Cyborg (Albert Pyun, 1989) para ellos. Es más, el contrato por tres películas que Van Damme rechazó con Shimon Arama en ese momento sería luego vendido a Moshe Diamant, quien, como saben muchos fans, acabaría siendo el productor de algunas de las mejores películas de toda la filmografía del astro belga. El proyecto frustrado de Arama llevaba por título The Red Fox. En este libreto, Van Damme debería interpretar a un personaje ruso (otra vez) llamado Nikolai Bogdanov, como el pintor de la misma nacionalidad. El argumento que trascendió fue el siguiente: "Desde su juventud, ha estado esperando vengar a los hombres que acusaron a su padre de traición a la patria. Nikolai recuerda las últimas palabras de su padre "Ten fe en el Zorro Rojo". Hoy, a los 28 años de edad, nuestro hombre está tratando de invertir en un pueblo americano situado en una lejana región de la URSS. Es entonces cuando le pide a sus superiores si puede unirse a una peligrosa misión que comenzará en un submarino. Pero antes de irse, él luchara con un agente de la KGB que tiene las fotos de su padre... Después de una fuga explosiva y espectacular del agua, el ruso (JCVD), se encuentra en una playa de Florida con otro fugitivo, Kimberly. Con la KGB y la CIA que los persigue, los dos entran en contacto con un hombre rico de Rusia llamado Paul Borden. Paul Borden dice que es el tío de Nikolai. Así que tiene una elección y Nikolai se encuentra en Sudamérica ayudando a los agentes Bergman y Denise para rescatar a un espía de las manos de la KGB."

Como ven, la sinopsis prometía otra excusa para que los productores se gastaran la mitad del presupuesto en viajar por medio mundo, haciendo turismo mientras dejaban que Eric Karson volviera a hacer las veces de director y, esta vez sí, de manera más oportuna, dejaran a Jean-Claude Van Damme ejercer de protagonista absoluto. No sabemos qué habría sido de esta película de haber sido filmada, pero todo apunta a que no habría sido mucho mejor que Black Eagle.



Curiosidades:

- El director Eric Karson interpretó años después a un doctor en Lionheart (AWOL / Wrong Bet. Sheldon Lettich, 1990). En Black Eagle también hace un cameo como jefe de la CIA.

- Los hijos de Sho Kosugi también practican artes marciales en la vida real, como demostraron participando en varias películas de su padre cuando todavía eran unos críos. El que ha seguido una trayectoria cinematográfica más regular ha sido Kane Kosugi, participando en varias cintas que han sido estrenadas entre nosotros, como Who am I? (¿Quién soy?) (Wo shi shei. Benny Chan, Jackie Chan, 1998), DOA: Dead or Alive (Corey Yuen, 2006) o El asesino (War. Philip G. Atwell, 2007). Tanto Kane como Shane Kosugi han participado en el programa de televisión japonés Sasuke, conocido internacionalmente como Ninja Warrior y que ha podido verse en España en varias cadenas autonómicas y digitales.

- Sorprende encontrarse en la ficha de la película el nombre de Penny Perry como directora de casting. Pese al nivel bajo mínimos que exhiben los actores de Black Eagle, Perry fue en su momento una de las descubridoras de talentos actorales más reputadas de Hollywood, habiendo sido la responsable del reparto de cintas como Youngblood, forja de campeón (Youngblood. Peter Markle, 1986), Carretera al infierno (The Hitcher. Robert Harmon, 1986) o Arma joven (Young guns. Christopher Cain, 1988). Volvería a trabajar con Van Damme en varios títulos más: Soldado Universal (Universal Soldier. Roland Emmerich, 1992), Timecop, policía en el tiempo (Timecop. Peter Hyams, 1994), Sudden Death: Muerte Súbita (Sudden Death. Peter Hyams, 1995) y Double Team (Tsui Hark, 1997).





En Resumen:
- LO MEJOR: Jean-Claude Van Damme haciéndose con el protagonismo de la película pese a que, en principio, sólo interpreta al sicario del villano.
- LO PEOR: Todo lo demás
- LA SECUENCIA: El segundo enfrentamiento entre Sho Kosugi y Jean-Claude Van Damme, mejor incluso que la descafeinada pelea final.


VANDAMMÓMETRO


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2 comentarios:

srdani dijo...

Yo la considero un imprescindible en la filmografía de Van Damme. Mis disculpas, pero esta peli me fascina.
Es precisamente su presencia en un producto tan infame lo que provocó mi admiración.
Las miradas de Kosugi a Van Damme en el one vs one en Malta lo dicen todo: "¿quién ha sido el cabrón responsable que ha contratado a este tío?". Un tipo mil veces más guapo, más fuerte y más rápido que la supuesta estrella de la cinta. Un secundario venido a más, como diría Tones, dejando en evidencia a todos y cada uno de los participantes en semejante bodrio.
Alguien que obliga a que se le brinden nuevas escenas para su exclusivo lucimiento, robando por completo la película.
Con franqueza, para mí eso tiene un mérito gigantesco.

dante cantabria dijo...

Totalmente de acuerdo con el autor del post. Debe de ser la unica peli de Jean CLAUDIO que no he conseguido ver entera