Título Original: Cyborg. / Director: Albert Pyun. / Productor: Menahem Golan, Yoram Globus. / Guión: Kitty Chalmers. / Fotografía: Philip Alan Waters. / Montaje: Scott Stevenson, Rosanne Zingale (además de Sheldon Lettich y Jean-Claude Van Damme, sin acreditar). / Música: Kevin Bassinsson (Jim Saad y Tony Riparetti en el Director's Cut). / Reparto: Jean-Claude Van Damme (Gibson Rickenbacker), Deborah Richter (Nady Simmons), Vincent Klyn (Fender Tremolo), Alex Daniels (Marshall Strat), Dayle Haddon (Pearl Prophet), Blaise Loong (Furman Vux), Ralf Moeller (Brick Bardo), Haley Peterson (Haley). / Nacionalidad: Estados Unidos. / Duración: 86 minutos (82 minutos en el Director's Cut). / Productora: Cannon Entertainment, Inc. / Distribuidora en España: Ízaro Films (Cines), Warner Home Video (VHS), MGM Home Entertainment (DVD). / Fecha de estreno en cines norteamericanos: 07 de Abril de 1989. Fecha de estreno en cines españoles: 02 de Junio de 1989. / Presupuesto: $500,000. Recaudación: EEUU: $ 10,166,459 / España: 535.197,54 €.
Sinopsis:
En un futuro post-apocalíptico, Norteamérica vive sumida en una anarquía en la que los bandidos dominan las calles y una plaga amenaza con exterminar la raza humana. La clave para la cura de la humanidad está en Pearl, una cyborg que posee el conocimiento necesario para desarrollar la vacuna que acabe con la epidemia. En su cruzada por llevar la información a unos científicos de Atlanta, Pearl sólo contará con la ayuda de un "Slinger", el mercenario Gibson Rickenbaker, quien además tiene cuentas pendientes que saldar con Fender, el líder de la banda que pretende perpetuar el caos.
El Proyecto:
De entre todos los proyectos en los que se ha visto involucrado Jean-Claude Van Damme a lo largo de su carrera, el de Cyborg es, sin duda, uno de los que tuvieron un proceso de gestación más extraño, ya que de lo que iba a ser en un principio no quedó prácticamente nada en el resultado final. Veamos. En 1987 la Cannon tenía a punto de estreno Masters del Universo (Masters of the Universe. Gary Goddard, 1987), protagonizada por una estrella emergente como era Dolph Lundgren, por entonces bastante popular gracias a su papel de Ivan Drago en Rocky IV (Rocky IV. Sylvester Stallone, 1985). La película estaba basada en una colección de figuras articuladas propiedad de Mattel, con los que la Cannon había llegado a un acuerdo para explotar sus personajes en forma de franquicia cinematográfica. Era de prever que la producción arrasaría en la taquilla, a tenor de la cantidad de muñecos que se habían vendido en todo el planeta, así que a priori esta unión suponía un negocio lucrativo para ambas partes: por un lado, Mattel conseguía publicidad gratuita y una nueva legión de fans de He-Man y Skeletor, por otro, la Cannon se aseguraba una clientela potencial bastante importante en forma de chavales ansiosos por ver a sus personajes favoritos en carne y hueso. Al mismo tiempo, la productora también había adquirido los derechos de varios superhéroes de la Marvel, entre ellos Spider-Man, para comenzar una serie de películas enfocadas hacia un público más juvenil con las que pretendía ampliar su mercado, ya que hasta ahora eran conocidos principalmente por violentas cintas de acción protagonizadas por duros impertérritos como Charles Bronson o Chuck Norris.
Teniendo en cuenta todo ello, la Cannon había confiado a un pujante director la responsabilidad de dos títulos que se rodarían casi simultáneamente: una secuela directa de Masters del Universo (recuerden que aquélla acababa con una sorpresa final tras los créditos que dejaba abierta la puerta a una continuación) y la adaptación de Spider-Man. El nombre del afortunado era Albert Pyun, un hawaiano que había sorprendido con Cromwell, el rey de los bárbaros (The sword and the sorcerer. 1982) y Sueños radioactivos (Radioactive dreams. 1985) y que había comenzado a trabajar para Menahem Golan y Yoram Globus con una cinta de acción titulada Los centinelas (Dangerously close. 1986). Sin embargo, las flojas recaudaciones de Masters del Universo, unido al descalabro que supuso Superman IV: En busca de la paz (Superman IV: The Quest for Peace. Sidney J. Furie, 1987), pusieron a la Cannon en una situación delicada que le llevó a la obligación de rescindir sus contratos con Mattel y Marvel poco después, encontrándose en 1988 en una situación ciertamente peliaguda: habían gastado dos millones de dólares en la pre-producción de ambos títulos, para los que ya habían construido algunos escenarios y habían confeccionado parte del vestuario. Urgía recuperar esa inversión de algún modo y fue así como Albert Pyun desarrolló el argumento para una película en la que podrían utilizar todo ese material. Fue así como nació Cyborg.
Sin embargo, el concepto que Pyun tenía sobre su película distaba mucho de lo que ansiaban los jefes de la Cannon. El director había concebido su historia como una especie de ópera rock sin diálogos, cargada de violencia y filmada en blanco y negro. Obviamente, Golan y Globus pretendían filmar algo aprovechable, ya que al fin y al cabo a esos dos millones que llevaban gastados les tenían que añadir medio millón de dólares más para poder llevar a cabo el rodaje y la post-producción (por lo cual, el presupuesto total y no-oficial de Cyborg sería de dos millones y medio), y bajo ningún concepto podían correr el riesgo de concretar un producto que no satisficiera al mayor número posible de espectadores. La idea de la película post-apocalíptica de arte y ensayo que buscaba Pyun quedaba totalmente descartada. Y aquí es donde entra en escena Jean-Claude Van Damme. Teniendo en cuenta los pingües beneficios que había reportado Contacto Sangriento a las arcas de la Cannon (y lo relativamente bien que había funcionado, al menos desde un punto de vista económico, una producción ajena como fue Black Eagle), sus productores necesitaban otro vehículo de lucimiento para su nueva estrella. Cyborg parecía un proyecto apropiado: con una ambientación que recordaba a Mad Max 2: El guerrero de la carretera (Mad Max 2: The road warrior. George Miller, 1981) y a todas las imitaciones norteamericanas, australianas, filipinas e italianas que había generado, además de un guión en el que abundaban las peleas y escaseaban los diálogos, la figura de Van Damme encajaría como anillo al dedo, ya que si bien su escaso dominio del inglés todavía le traía algunos problemas a la hora de enunciar sus frases, su buena apariencia física, su carisma y sus estupendas dotes para repartir patadas a diestro y siniestro le convertían en el protagonista idóneo para esta nueva película.
Los problemas llegaron en la sala de montaje, cuando los jefazos de la Cannon descubrieron que Pyun había editado el largometraje de manera que lo hacía poco atractivo. En un primer pase con público, el resultado fue nefasto, ya que de entre todos los asistentes sólo una persona dio una opinión medianamente positiva. El resto incluso se reía a carcajadas. Y, si han visto la película, sabrán que no hay ni una gota de humor en ella... Es cierto que Van Damme buscaba hacer algo distinto a Contacto Sangriento, ya que no pretendía repetirse tan pronto, pero no de este modo. Y, desde luego, no estaba dispuesto a que su nombre se viera relacionado de nuevo con una película de la que no se sintiera orgulloso, como le había pasado con Black Eagle. Por eso, tras volver del rodaje de Kickboxer en Tailandia, convocó a su amigo Sheldon Lettich y, junto con la ayuda de Scott Stevenson y Rosanne Zingale, Jean-Claude remontó la película de manera que se convirtiera en un producto más digerible y comercial. Cuando Menahem Golan y Yoram Globus vieron esta nueva edición, lo tuvieron claro: ya tenían un nuevo éxito en potencia sus manos.
La Película:
Puede que, desde un punto de vista ortodoxo, Cyborg no sea lo que habitualmente se considera como una buena película. La opinión de sus detractores está fundamentada en motivos reales, en razones que no se pueden negar desde ese rasero canónico por el que el espectador (y el crítico) medio mide todo lo que pasa ante sus ojos. Sin embargo, para otro tipo de espectadores, entre los que se encuentra un servidor, más propensos a evaluar las películas teniendo en cuenta las circunstancias en las que se han filmado, cuáles eran sus aspiraciones y cuán destacables son dentro de las de su misma especie (en lugar de considerarlas una pequeña parte de un todo que sería el Cine, así en mayúsculas), Cyborg es una celebración triunfal de la acción por la acción, una gema dentro del subgénero al que pertenece. Esto que voy a decir puede sonar demasiado evidente, pero lamentablemente es necesario recordarlo de vez en cuando, a tenor de la ceguera con la que muchos todavía se enfrentan al cine: de nada sirve comparar la cinta de Albert Pyun con algunas de las consideradas obras maestras del cine (aquí que cada uno coloque las que prefiera), ya que, aunque todas pertenezcan al mismo medio audiovisual, cada una se rige por unos códigos propios y, a veces, intransferibles, siendo según esos códigos el grado de mayor o menor eficacia que pueden adquirir y, por tanto, el nivel sobre el que debemos medir sus logros. Dicho de otro modo mucho más sencillo: es una necedad medir por el mismo rasero a Cyborg y a Ciudadano Kane (Citizen Kane. Orson Welles, 1941), ya que tan imbécil resulta criticar a la primera por la falta de un guión elaborado como decir que la segunda es una mierda porque no tiene peleas.
Así que Cyborg es una película que puede irritar a muchos y encandilar a otros tantos, dependiendo de qué tipo de espectadores sean. Desde luego, si son de los ortodoxos, no pierdan el tiempo. Encontrarán excusas suficientes para aborrecerla y habrán perdido ochenta y seis minutos de su vida. Si la ven en versión original, y son de aquellos a los que se les llena la boca hablando de "interpretaciones magistrales", seguramente les aterrará el acento de Van Damme, quien habla pocas veces y no es capaz de esconder su tono afrancesado en casi ningún momento. Si les gusta buscarle gazapos a las películas, se lo pasarán pipa viendo a parte del equipo de rodaje reflejado en las gafas de sol de Fender, o admirando el cable que sujeta a Van Damme en uno de los planos más memorables de la cinta (aquel en el que, dentro de unas alcantarillas, se sostiene abierto de piernas, apoyando cada extremidad en una pared, mientras porta un cuchillo con el que matará por sorpresa al pirata que le persigue y que pasa por debajo de él sin saber lo que le espera). También pondrán el grito en el cielo por el esquemático guión, apenas unas líneas de argumento con diálogos compuestos por monosílabos y gruñidos en su mayoría. Incluso es muy fácil que se acaben perdiendo, no sin razón, entre los numerosos flashbacks que desfilan por la película, especialmente durante el primer acto, los cuales, lejos de ser aclaratorios, sirven sobre todo para entorpecer el transcurso de la acción y para desconcertar al espectador.
Sin embargo, a un amplio grupo de los fans del cine de acción en general, y de Van Damme en particular, Cyborg nos fascina. Con todas esas trabas que se le pueden adjudicar desde un punto de vista clásico, hay dos motivos por los que Cyborg consigue convertir todos esos defectos en virtudes: por un lado, su genuino espíritu de Serie B; por otro, sí, lo han adivinado, Jean-Claude Van Damme. En cuanto a lo primero, no hay que olvidar cuál fue la génesis del proyecto. Cyborg nace de las cenizas de dos trabajos abortados, es una película absolutamente derivativa no ya de la temática a la que se adscribe (la epopeya post-apocalíptica) sino de sus propios medios de producción. Y hay algo que no deben olvidar: en Cyborg no sobraba el dinero, sino que es una inversión de emergencia, un parcheado, el bebé desnutrido sobreviviente de un embarazo triple con doble aborto. Y, consciente de ello, se alza victorioso sobre las adversidades y les planta cara. Cyborg es cine inteligente porque su naturaleza le obliga a serlo y se construye sobre sus recursos, no aspira a ser más de lo que puede ser, y en ese sentido resulta casi irreprochable, ya que esto no siempre sucede. Piensen en la cantidad de veces que han visto películas en las que se intuye una falta de coherencia entre lo que se quería hacer y lo que se podía hacer con los medios asignados. Cintas de bajo presupuesto que aspiran a contar con escenas caras y terminan siendo chapuceras las hay a patadas; películas baratas que ciñen su guión y sus aspiraciones a los límites económicos con los que cuentan desde un principio hay menos, y Cyborg es una de ellas. Por eso aquí sólo hay un puñado de escenarios, consistentes básicamente en solares abandonados y parajes naturales que no tienen nada de futuristas o siquiera post-nucleares. Y por eso la mayor parte del metraje se emplea en mostrar larguísimas persecuciones a pie (nada de coches barbarizados a lo Mad Max II) en las que se intercalan peleas y donde se utilizan más cuchillos y espadas de plástico (sobre las que habrá que volver en el apartado de Curiosidades) que armas de fuego o explosiones, porque, simplemente, son recursos más baratos y siguen siendo válidos para ofrecer un festival del tortazo sin demasiados parones. Albert Pyun no dejó mucho margen de juego quienes luego remontarían su película, ya que lo que filmó fue bastante parecido a una cinta de acción muda, básica en la mejor de las acepciones y, para colmo, sobre todo teniendo en cuenta lo irrisorio de su presupuesto, técnicamente bastante lograda si nos fijamos en la ocasional belleza de su fotografía y en lo bien que están planteadas y rodadas las escenas de lucha. Por ese motivo, a pesar de que fuera despedido durante la postproducción, y de que que incluso él mismo odie la película con todas sus fuerzas y refunfuñe cuando algún fan se le acerca con la carátula de la misma para que se la firme, hay que otorgarle a Pyun el mérito de concebir un largometraje de acción tan puro y (positivamente) elemental. Aunque, viendo el Director's Cut (del que también hablaremos en unas líneas), no es de extrañar que en la Cannon temieran un más que posible fracaso comercial.
Pero ahí estaba la figura de Van Damme, como hemos dicho antes, el segundo motivo por el que Cyborg es tan especial. Los que nunca se han molestado en profundizar en la filmografía del Belga tienden a pensar que es uno más, que no hay diferencia entre Van Damme y los muchos otros karatekas o culturistas que se han intentado labrar una carrera como actores. Pero ya en Cyborg, que era solamente su segundo vehículo como estrella absoluta, daba muestras de ser algo distinto, de poseer una personalidad destacable dentro del género y una presencia que le permitía aportar humanidad y sensibilidad a tipos que, sobre el papel, no eran más que montañas de músculos con habilidades varias para matar. Por supuesto, están sus rasgos estéticos recurrentes (esos pantalones por encima de la cintura, la capacidad para llevar varios cortes de pelo distintos y que todos sean horribles, la tendencia a utilizar la apertura frontal de piernas y las patadas a cámara lenta a la mínima ocasión, etc.), pero llama la atención sobre todo el modo tan evidente con el que Van Damme ya pretendía distanciarse de la competencia por otros caminos: allí donde otros como Schwarzenegger o Stallone fracasaban, en el intento de convertir a sus personajes en gente normal con sentimientos, Jean-Claude se alzaba victorioso. Incluso en una cinta tan rudimentaria y tan bruta como Cyborg, Van Damme se las apañó para darle a su personaje matices trágicos y convertirlo, además de en una máquina de matar a cambio de dinero, en un padre frustrado, en un amante emocionalmente castrado. La fórmula Van Damme ya estaba aquí, demostrando que, pese a exigírsele ser el más duro del reparto, también podía derramar una lágrima entre hostia y hostia sin que su credibilidad como héroe de acción se resintiera de ello, sino más bien lo contrario, al aportar unos matices que resultaban demasiado forzados o incluso inexistentes en sus competidores, ya fuera por incapacidad o por falta de interés.
Una vez dicho todo esto, deberían entender que Cyborg es casi todo lo buena que pudo llegar a ser (le sobran algunos flashbacks y le cuesta algo arrancar, aunque una vez que lo hace ya resulta casi imparable) y que, además, cuenta con el extra de estar protagonizada por Jean-Claude Van Damme. Pero, desde luego, requiere del espectador mucho amor por la acción pura y dura, algo que no siempre se da en demasía, ni siquiera entre los fans del actor.
El Montaje del Director:
El Proyecto:
De entre todos los proyectos en los que se ha visto involucrado Jean-Claude Van Damme a lo largo de su carrera, el de Cyborg es, sin duda, uno de los que tuvieron un proceso de gestación más extraño, ya que de lo que iba a ser en un principio no quedó prácticamente nada en el resultado final. Veamos. En 1987 la Cannon tenía a punto de estreno Masters del Universo (Masters of the Universe. Gary Goddard, 1987), protagonizada por una estrella emergente como era Dolph Lundgren, por entonces bastante popular gracias a su papel de Ivan Drago en Rocky IV (Rocky IV. Sylvester Stallone, 1985). La película estaba basada en una colección de figuras articuladas propiedad de Mattel, con los que la Cannon había llegado a un acuerdo para explotar sus personajes en forma de franquicia cinematográfica. Era de prever que la producción arrasaría en la taquilla, a tenor de la cantidad de muñecos que se habían vendido en todo el planeta, así que a priori esta unión suponía un negocio lucrativo para ambas partes: por un lado, Mattel conseguía publicidad gratuita y una nueva legión de fans de He-Man y Skeletor, por otro, la Cannon se aseguraba una clientela potencial bastante importante en forma de chavales ansiosos por ver a sus personajes favoritos en carne y hueso. Al mismo tiempo, la productora también había adquirido los derechos de varios superhéroes de la Marvel, entre ellos Spider-Man, para comenzar una serie de películas enfocadas hacia un público más juvenil con las que pretendía ampliar su mercado, ya que hasta ahora eran conocidos principalmente por violentas cintas de acción protagonizadas por duros impertérritos como Charles Bronson o Chuck Norris.
Teniendo en cuenta todo ello, la Cannon había confiado a un pujante director la responsabilidad de dos títulos que se rodarían casi simultáneamente: una secuela directa de Masters del Universo (recuerden que aquélla acababa con una sorpresa final tras los créditos que dejaba abierta la puerta a una continuación) y la adaptación de Spider-Man. El nombre del afortunado era Albert Pyun, un hawaiano que había sorprendido con Cromwell, el rey de los bárbaros (The sword and the sorcerer. 1982) y Sueños radioactivos (Radioactive dreams. 1985) y que había comenzado a trabajar para Menahem Golan y Yoram Globus con una cinta de acción titulada Los centinelas (Dangerously close. 1986). Sin embargo, las flojas recaudaciones de Masters del Universo, unido al descalabro que supuso Superman IV: En busca de la paz (Superman IV: The Quest for Peace. Sidney J. Furie, 1987), pusieron a la Cannon en una situación delicada que le llevó a la obligación de rescindir sus contratos con Mattel y Marvel poco después, encontrándose en 1988 en una situación ciertamente peliaguda: habían gastado dos millones de dólares en la pre-producción de ambos títulos, para los que ya habían construido algunos escenarios y habían confeccionado parte del vestuario. Urgía recuperar esa inversión de algún modo y fue así como Albert Pyun desarrolló el argumento para una película en la que podrían utilizar todo ese material. Fue así como nació Cyborg.
Sin embargo, el concepto que Pyun tenía sobre su película distaba mucho de lo que ansiaban los jefes de la Cannon. El director había concebido su historia como una especie de ópera rock sin diálogos, cargada de violencia y filmada en blanco y negro. Obviamente, Golan y Globus pretendían filmar algo aprovechable, ya que al fin y al cabo a esos dos millones que llevaban gastados les tenían que añadir medio millón de dólares más para poder llevar a cabo el rodaje y la post-producción (por lo cual, el presupuesto total y no-oficial de Cyborg sería de dos millones y medio), y bajo ningún concepto podían correr el riesgo de concretar un producto que no satisficiera al mayor número posible de espectadores. La idea de la película post-apocalíptica de arte y ensayo que buscaba Pyun quedaba totalmente descartada. Y aquí es donde entra en escena Jean-Claude Van Damme. Teniendo en cuenta los pingües beneficios que había reportado Contacto Sangriento a las arcas de la Cannon (y lo relativamente bien que había funcionado, al menos desde un punto de vista económico, una producción ajena como fue Black Eagle), sus productores necesitaban otro vehículo de lucimiento para su nueva estrella. Cyborg parecía un proyecto apropiado: con una ambientación que recordaba a Mad Max 2: El guerrero de la carretera (Mad Max 2: The road warrior. George Miller, 1981) y a todas las imitaciones norteamericanas, australianas, filipinas e italianas que había generado, además de un guión en el que abundaban las peleas y escaseaban los diálogos, la figura de Van Damme encajaría como anillo al dedo, ya que si bien su escaso dominio del inglés todavía le traía algunos problemas a la hora de enunciar sus frases, su buena apariencia física, su carisma y sus estupendas dotes para repartir patadas a diestro y siniestro le convertían en el protagonista idóneo para esta nueva película.
Los problemas llegaron en la sala de montaje, cuando los jefazos de la Cannon descubrieron que Pyun había editado el largometraje de manera que lo hacía poco atractivo. En un primer pase con público, el resultado fue nefasto, ya que de entre todos los asistentes sólo una persona dio una opinión medianamente positiva. El resto incluso se reía a carcajadas. Y, si han visto la película, sabrán que no hay ni una gota de humor en ella... Es cierto que Van Damme buscaba hacer algo distinto a Contacto Sangriento, ya que no pretendía repetirse tan pronto, pero no de este modo. Y, desde luego, no estaba dispuesto a que su nombre se viera relacionado de nuevo con una película de la que no se sintiera orgulloso, como le había pasado con Black Eagle. Por eso, tras volver del rodaje de Kickboxer en Tailandia, convocó a su amigo Sheldon Lettich y, junto con la ayuda de Scott Stevenson y Rosanne Zingale, Jean-Claude remontó la película de manera que se convirtiera en un producto más digerible y comercial. Cuando Menahem Golan y Yoram Globus vieron esta nueva edición, lo tuvieron claro: ya tenían un nuevo éxito en potencia sus manos.
La Película:
Puede que, desde un punto de vista ortodoxo, Cyborg no sea lo que habitualmente se considera como una buena película. La opinión de sus detractores está fundamentada en motivos reales, en razones que no se pueden negar desde ese rasero canónico por el que el espectador (y el crítico) medio mide todo lo que pasa ante sus ojos. Sin embargo, para otro tipo de espectadores, entre los que se encuentra un servidor, más propensos a evaluar las películas teniendo en cuenta las circunstancias en las que se han filmado, cuáles eran sus aspiraciones y cuán destacables son dentro de las de su misma especie (en lugar de considerarlas una pequeña parte de un todo que sería el Cine, así en mayúsculas), Cyborg es una celebración triunfal de la acción por la acción, una gema dentro del subgénero al que pertenece. Esto que voy a decir puede sonar demasiado evidente, pero lamentablemente es necesario recordarlo de vez en cuando, a tenor de la ceguera con la que muchos todavía se enfrentan al cine: de nada sirve comparar la cinta de Albert Pyun con algunas de las consideradas obras maestras del cine (aquí que cada uno coloque las que prefiera), ya que, aunque todas pertenezcan al mismo medio audiovisual, cada una se rige por unos códigos propios y, a veces, intransferibles, siendo según esos códigos el grado de mayor o menor eficacia que pueden adquirir y, por tanto, el nivel sobre el que debemos medir sus logros. Dicho de otro modo mucho más sencillo: es una necedad medir por el mismo rasero a Cyborg y a Ciudadano Kane (Citizen Kane. Orson Welles, 1941), ya que tan imbécil resulta criticar a la primera por la falta de un guión elaborado como decir que la segunda es una mierda porque no tiene peleas.
Así que Cyborg es una película que puede irritar a muchos y encandilar a otros tantos, dependiendo de qué tipo de espectadores sean. Desde luego, si son de los ortodoxos, no pierdan el tiempo. Encontrarán excusas suficientes para aborrecerla y habrán perdido ochenta y seis minutos de su vida. Si la ven en versión original, y son de aquellos a los que se les llena la boca hablando de "interpretaciones magistrales", seguramente les aterrará el acento de Van Damme, quien habla pocas veces y no es capaz de esconder su tono afrancesado en casi ningún momento. Si les gusta buscarle gazapos a las películas, se lo pasarán pipa viendo a parte del equipo de rodaje reflejado en las gafas de sol de Fender, o admirando el cable que sujeta a Van Damme en uno de los planos más memorables de la cinta (aquel en el que, dentro de unas alcantarillas, se sostiene abierto de piernas, apoyando cada extremidad en una pared, mientras porta un cuchillo con el que matará por sorpresa al pirata que le persigue y que pasa por debajo de él sin saber lo que le espera). También pondrán el grito en el cielo por el esquemático guión, apenas unas líneas de argumento con diálogos compuestos por monosílabos y gruñidos en su mayoría. Incluso es muy fácil que se acaben perdiendo, no sin razón, entre los numerosos flashbacks que desfilan por la película, especialmente durante el primer acto, los cuales, lejos de ser aclaratorios, sirven sobre todo para entorpecer el transcurso de la acción y para desconcertar al espectador.
Sin embargo, a un amplio grupo de los fans del cine de acción en general, y de Van Damme en particular, Cyborg nos fascina. Con todas esas trabas que se le pueden adjudicar desde un punto de vista clásico, hay dos motivos por los que Cyborg consigue convertir todos esos defectos en virtudes: por un lado, su genuino espíritu de Serie B; por otro, sí, lo han adivinado, Jean-Claude Van Damme. En cuanto a lo primero, no hay que olvidar cuál fue la génesis del proyecto. Cyborg nace de las cenizas de dos trabajos abortados, es una película absolutamente derivativa no ya de la temática a la que se adscribe (la epopeya post-apocalíptica) sino de sus propios medios de producción. Y hay algo que no deben olvidar: en Cyborg no sobraba el dinero, sino que es una inversión de emergencia, un parcheado, el bebé desnutrido sobreviviente de un embarazo triple con doble aborto. Y, consciente de ello, se alza victorioso sobre las adversidades y les planta cara. Cyborg es cine inteligente porque su naturaleza le obliga a serlo y se construye sobre sus recursos, no aspira a ser más de lo que puede ser, y en ese sentido resulta casi irreprochable, ya que esto no siempre sucede. Piensen en la cantidad de veces que han visto películas en las que se intuye una falta de coherencia entre lo que se quería hacer y lo que se podía hacer con los medios asignados. Cintas de bajo presupuesto que aspiran a contar con escenas caras y terminan siendo chapuceras las hay a patadas; películas baratas que ciñen su guión y sus aspiraciones a los límites económicos con los que cuentan desde un principio hay menos, y Cyborg es una de ellas. Por eso aquí sólo hay un puñado de escenarios, consistentes básicamente en solares abandonados y parajes naturales que no tienen nada de futuristas o siquiera post-nucleares. Y por eso la mayor parte del metraje se emplea en mostrar larguísimas persecuciones a pie (nada de coches barbarizados a lo Mad Max II) en las que se intercalan peleas y donde se utilizan más cuchillos y espadas de plástico (sobre las que habrá que volver en el apartado de Curiosidades) que armas de fuego o explosiones, porque, simplemente, son recursos más baratos y siguen siendo válidos para ofrecer un festival del tortazo sin demasiados parones. Albert Pyun no dejó mucho margen de juego quienes luego remontarían su película, ya que lo que filmó fue bastante parecido a una cinta de acción muda, básica en la mejor de las acepciones y, para colmo, sobre todo teniendo en cuenta lo irrisorio de su presupuesto, técnicamente bastante lograda si nos fijamos en la ocasional belleza de su fotografía y en lo bien que están planteadas y rodadas las escenas de lucha. Por ese motivo, a pesar de que fuera despedido durante la postproducción, y de que que incluso él mismo odie la película con todas sus fuerzas y refunfuñe cuando algún fan se le acerca con la carátula de la misma para que se la firme, hay que otorgarle a Pyun el mérito de concebir un largometraje de acción tan puro y (positivamente) elemental. Aunque, viendo el Director's Cut (del que también hablaremos en unas líneas), no es de extrañar que en la Cannon temieran un más que posible fracaso comercial.
Pero ahí estaba la figura de Van Damme, como hemos dicho antes, el segundo motivo por el que Cyborg es tan especial. Los que nunca se han molestado en profundizar en la filmografía del Belga tienden a pensar que es uno más, que no hay diferencia entre Van Damme y los muchos otros karatekas o culturistas que se han intentado labrar una carrera como actores. Pero ya en Cyborg, que era solamente su segundo vehículo como estrella absoluta, daba muestras de ser algo distinto, de poseer una personalidad destacable dentro del género y una presencia que le permitía aportar humanidad y sensibilidad a tipos que, sobre el papel, no eran más que montañas de músculos con habilidades varias para matar. Por supuesto, están sus rasgos estéticos recurrentes (esos pantalones por encima de la cintura, la capacidad para llevar varios cortes de pelo distintos y que todos sean horribles, la tendencia a utilizar la apertura frontal de piernas y las patadas a cámara lenta a la mínima ocasión, etc.), pero llama la atención sobre todo el modo tan evidente con el que Van Damme ya pretendía distanciarse de la competencia por otros caminos: allí donde otros como Schwarzenegger o Stallone fracasaban, en el intento de convertir a sus personajes en gente normal con sentimientos, Jean-Claude se alzaba victorioso. Incluso en una cinta tan rudimentaria y tan bruta como Cyborg, Van Damme se las apañó para darle a su personaje matices trágicos y convertirlo, además de en una máquina de matar a cambio de dinero, en un padre frustrado, en un amante emocionalmente castrado. La fórmula Van Damme ya estaba aquí, demostrando que, pese a exigírsele ser el más duro del reparto, también podía derramar una lágrima entre hostia y hostia sin que su credibilidad como héroe de acción se resintiera de ello, sino más bien lo contrario, al aportar unos matices que resultaban demasiado forzados o incluso inexistentes en sus competidores, ya fuera por incapacidad o por falta de interés.
Una vez dicho todo esto, deberían entender que Cyborg es casi todo lo buena que pudo llegar a ser (le sobran algunos flashbacks y le cuesta algo arrancar, aunque una vez que lo hace ya resulta casi imparable) y que, además, cuenta con el extra de estar protagonizada por Jean-Claude Van Damme. Pero, desde luego, requiere del espectador mucho amor por la acción pura y dura, algo que no siempre se da en demasía, ni siquiera entre los fans del actor.
El Montaje del Director:

A finales de Febrero de 2011, el director Albert Pyun anunciaba que su compositor Tony Riparetti había encontrado una copia en VHS de la última versión del montaje en el que habían estado trabajando, antes de que la Cannon decidiera dejarle dicha tarea a Van Damme y apartaran al director de la post-producción de la película. Aunque la calidad de imagen y sonido era bastante pobre y no sería conveniente intentar lanzarla al mercado de manera convencional teniendo eso en cuenta, Pyun autoeditó un DVD y Blu-Ray que, bajo demanda, se encargó de vender él mismo a través de la Red.
Viendo este Director's Cut, es fácil entender por qué los asistentes del test-screening se la tomaron a mofa. Aún teniendo en cuenta que esta versión es poco más que un work-print (es decir, una copia de trabajo sin finalizar) en la que faltan efectos de sonido y hay detalles sin pulir relativos al montaje (a veces da la sensación de que los planos están cortados a cuchillazos), hay otras cuestiones de peso que contribuyen a que resulte muy difícil tomarse en serio la película, para empezar, y aunque suene irónico, lo muy en serio que Pyun se tomó su versión, añadiendo un claro trasfondo religioso que sólo estaba presente parcialmente en el montaje comercial y que aquí se hace más evidente. No hablo sólo de todos los planos en los que aparecen crucifijos, sino de algo que no estaba en la versión que se estrenó en cines y que aquí se hace explícito: Fender y sus secuaces son en realidad una suerte de satanistas obsesionados con propagar la muerte y erradicar la palabra de Dios de la faz de la tierra. El propio Fender reza una oración en la que más o menos se autoproclama como el Anticristo. Aquí tenemos la primera gran diferencia argumental con respecto a la versión que todos conocíamos. La otra tiene que ver con la misión de Pearl Prophet, la cyborg del título. En este Director's Cut no se hace ninguna mención a ninguna plaga (de hecho, desaparecen los planos en los que se mostraban los estragos de la peste en algunos infectados) y, por lo tanto, lo que se persigue ya no es una cura. En este caso la información que lleva Pearl grabada en su memoria es la que permitiría restaurar la energía eléctrica (sic) y así recuperar la tecnología. Tampoco existen ya las armas de fuego, por eso las que utilizan los personajes son tan peculiares, ya que más o menos se entiende que funcionan con gas y que disparan dardos (o algo así, porque tampoco queda demasiado claro). Todo esto no estaría mal de no ser por la manera en la que Pyun quiso contarlo, a través de una persistente voz en off que presentaba tanto los pensamientos del héroe (para más inri, doblados por alguien que no es Van Damme, lo cual conduce a la confusión) como los del villano, a quien en este montaje se le deja hablar durante más tiempo, aunque, sospechosamente, siempre lo haga en off. Esto podría poner en entredicho la autenticidad del hallazgo del Director's Cut, ya que teniendo en cuenta que el actor que da vida a Fender, Vincent Klyn, ha seguido trabajando con Pyun a lo largo de los años, no sería de extrañar que se le hubiera convocado para grabar de nuevo su voz específicamente para poder añadir sus diálogos a este remontaje y así sacar un dinero. Al fin y al cabo, en muchos de los momentos en los que se escuchan sus frases, el personaje está fuera de plano y no le vemos mover los labios... Pero esto es sólo una conjetura que me atrevo a lanzar.
En otro orden de cosas, este supuesto Montaje del Director tiene en general un tono más oscuro y pesimista, a pesar de que algunas de sus secuencias de lucha hayan sido recortadas (incluso la pelea final, en la que Fender no "resucita") y algunos planos de violencia hayan desaparecido, como los de algunos cadáveres empalados que se veían en la parte inicial del montaje estrenado en cines. Eso sí, a cambio, hay una escena inédita que resulta ciertamente desagradable y que profundiza en la maldad de Fender y sus hombres. Si recuerdan bien, en la versión vista en 1989 había un momento en el que Gibson se adentraba en una suerte de poblado y se dirigía a un bar para hablar con un amigo. En una escena de dicha secuencia, Gibson le devolvía a un niño una pelota que le había quitado un maleante cualquiera. En el Director's Cut, descubrimos que dicho bribón es en realidad miembro del clan de Fender, y que se toma su venganza asesinando al crío. En un plano de lo más desagradable, se deja intuir que incluso practican el canibalismo con el cadáver, lo que provoca las iras de Gibson y le añade un motivo más para perseguir a los indeseables con todo su empeño.
Además de una banda sonora diferente (la de Saad y Riparetti, espectacular pero también anticlimática en numerosas ocasiones, ya que de algún modo le roba protagonismo a las imágenes en lugar de acompañarlas) y una progresión de secuencias distinta (este montaje comienza con Gibson ya encrucijado, con lo cual la estructura seria In media res), hay otra diferencia que redunda en el pesimismo de este Director's Cut. Se trata de las intenciones reales de Pearl Prophet (aquí con la voz robotizada, al contrario que en el otro montaje, y con algunos planos más de stop motion) y de la persona que le espera en Atlanta, que en esta versión podría tratarse también de un cyborg, como dejan entrever algunas de sus frases. De hecho, la primera vez que Pearl se encuentra con Gibson, le analiza y, como resultado de la nobleza y sencillez que ve en él, le considera apropiado para manipularle y conseguir que le ayude a llegar a Atlanta. Una vez allí, en el final de la cinta, se sospecha que hay oscuras intenciones tras su plan, aunque no queda bien explicado. Al igual que no se explica por qué la familia con la que Gibson intentó encontrar la paz lleva el mismo apellido que la cyborg...
En general, se puede decir que este Director's Cut apunta varios aspectos argumentales bastante interesantes y que podrían haber enriquecido la película que conocimos, pero tal y como están contados sólo llevan a la confusión. Además, los monólogos internos de los personajes resultan tan solemnes que sólo pueden caer en el ridículo. El veredicto es que Cyborg, la de toda la vida, es más disfrutable, espectacular y contundente que este Director's Cut, aunque si son fans de la película, bien merece la pena que le echen un vistazo.
Además de una banda sonora diferente (la de Saad y Riparetti, espectacular pero también anticlimática en numerosas ocasiones, ya que de algún modo le roba protagonismo a las imágenes en lugar de acompañarlas) y una progresión de secuencias distinta (este montaje comienza con Gibson ya encrucijado, con lo cual la estructura seria In media res), hay otra diferencia que redunda en el pesimismo de este Director's Cut. Se trata de las intenciones reales de Pearl Prophet (aquí con la voz robotizada, al contrario que en el otro montaje, y con algunos planos más de stop motion) y de la persona que le espera en Atlanta, que en esta versión podría tratarse también de un cyborg, como dejan entrever algunas de sus frases. De hecho, la primera vez que Pearl se encuentra con Gibson, le analiza y, como resultado de la nobleza y sencillez que ve en él, le considera apropiado para manipularle y conseguir que le ayude a llegar a Atlanta. Una vez allí, en el final de la cinta, se sospecha que hay oscuras intenciones tras su plan, aunque no queda bien explicado. Al igual que no se explica por qué la familia con la que Gibson intentó encontrar la paz lleva el mismo apellido que la cyborg...
En general, se puede decir que este Director's Cut apunta varios aspectos argumentales bastante interesantes y que podrían haber enriquecido la película que conocimos, pero tal y como están contados sólo llevan a la confusión. Además, los monólogos internos de los personajes resultan tan solemnes que sólo pueden caer en el ridículo. El veredicto es que Cyborg, la de toda la vida, es más disfrutable, espectacular y contundente que este Director's Cut, aunque si son fans de la película, bien merece la pena que le echen un vistazo.
El Legado:
A pesar de la manera en la que Albert Pyun acabó con Cyborg, no es de extrañar que en su momento pretendiera explotar el éxito de su película, aunque para ello no pudiera contar con la presencia de Van Damme (por entonces jugando ya en ligas mayores) y la Cannon estuviera ya en la bancarrota. Buscado financiación para una posible Cyborg 2, Pyun contactó con el productor Raju Patel y le habló sobre algunas ideas que servirían para continuar la historia con nuevos personajes. Según ha contado el propio Pyun, Patel le robó los derechos del título y puso en marcha una película por su cuenta sin su concurso. Como reacción a este ultraje, Pyun contraatacó utilizando algunos de sus conceptos para su Cyborg 2 en dos películas distintas: Nemesis (1992), originalmente llamada Cyborg Nemesis y de la que además dirigió tres secuelas, y Knights (1993), que en un principio se iba a titular Cyborgs.
Por su parte, Patel siguió adelante y contrató a varias caras conocidas (Elias Koteas, Jack Palance y Billy Drago, además de una todavía desconocida Angelina Jolie que tuvo aquí su primer papel protagonista), eligió a Michael Schroeder como director y le dio 5.5 millones de dólares para filmar Cyborg 2: La sombra de cristal (Cyborg 2. 1993). Ambientada en el año 2074, muestra un futuro en el que parte de la civilización ha sido restaurada y dos grandes corporaciones se disputan el monopolio de la creación de cyborgs, Pinwheel Robotics y Kobayashi Electronics. Con el fin de derrotar a la competencia, Pinwheel ha creado un arma extremadamente peligrosa llamada Sombra de cristal, un líquido que pretende inocular a una cyborg avanzada, Cash (Angelina Jolie), para enviarla a la sede de Kobayashi y hacerles volar por los aires. Con la ayuda de su instructor de combate, Colt (Elias Koteas), y siguiendo las instrucciones que un hacker llamado Mercy (Jack Palance) les proporciona mediante emisiones piratas de televisión, Cash y Colt tratarán de huir de los vigilantes de Pinwhell y de un cazarecompensas que va tras ellos, Danny Bench (Billy Drago). Con este argumento todo parece indicar que nos vamos a encontrar con una película de acción frenética, pero lamentablemente esto sólo es así durante los primeros minutos. La función empieza fuerte, con un par de cyborgs haciendo el amor que finalmente explotan ante nuestros ojos debido al efecto de la Sombra de cristal. Luego tenemos toda la parte de la huida de Cash y Colt. Pero en el momento en el que escapan de las instalaciones de Pinwheel y van a parar a una ciudad decadente, la cinta pierde parte de sus rasgos de aventura de acción y ciencia-ficción para transformarse en algo parecido a cine negro con cyborgs. Las idas y venidas de los personajes pierden interés y sólo se reactiva la diversión en momentos puntuales: algunas de las acciones de Bench o, por qué no decirlo, la posibilidad de ver una escena de sexo con una Angelina Jolie de 18 años, que seguro que les interesa más que cualquier otro aspecto de la película. En cuanto a la relación con la primera parte, se puede decir que es prácticamente nula. Únicamente se muestran algunas escenas sueltas de Jean-Claude Van Damme tomadas del largometraje de Pyun, que el hacker introduce en la mente de Cash para demostrarle que ya hubo una cyborg que escapó, pero que necesitó un héroe para ayudarle, así que ella también necesitará uno (sí, sí, es algo machista, lo sé, aunque en esta ocasión la cyborg no es una mera comparsa como en la historia de Pyun, sino que también reparte lo suyo).
La cosa no debió funcionar del todo mal en el mercado del vídeo, ya que un año después Michael Schroeder tenía lista Cyborg 3: The Recycler (1994, año en el que se editó en Hungría, aunque no se vería en EEUU hasta un año después, mientras que en España, salvo error u omisión, permanece inédita). Esta vez la producción corrió a cargo de Alan Mehrez (quien luego se encargaría de las secuelas apócrifas de Contacto Sangriento), con un presupuesto menor y un tono que ya rozaba la parodia, con la participación de un decadente Malcolm McDowell y el otrora prometedor protagonista de Gremlins (Joe Dante, 1984), Zach Galligan. Ambientada en un mundo de nuevo postapocalíptico (es decir, más barato, volviendo a los escenarios desérticos y semiderruidos de la primera parte), nos muestra cómo Cash (ahora interpretada por Khrystyne Haje reemplazando a Jolie) vaga por el desierto buscando ayuda, pues ve cómo su energía se consume a pasos agigantados sin remedio. El problema resulta ser que... está embarazada. Sí. Es una cyborg. Pero está embarazada (¡Bravo!). Mientras busca ayuda en un creador de cyborgs, Evans (Galligan), es perseguida por un Reciclador, un cazador que hace contrabando con piezas de androides llamado Lewellyn (Richard Lynch). Cash encontrará refugio en una comunidad de cyborgs defectuosos que parecen versiones tecnificadas de La parada de los monstruos (Freaks. Tod Browning, 1932) hasta que toman las armas y se convierten en primos lejanos del comando de Acción Mutante (Álex de la Iglesia, 1993). El tagline de la carátula del DVD es bastante significativo: "Entra en el oscuro submundo de CYBURDELES, MECANOPUTAS y HUMANOIDES SINTÉTICOS". Con algo así, es evidente que la película no va a ser precisamente un tratado sobre cibernética, pero lamentablemente hay que decir que no es tan divertida como cabría suponer, sino que más bien es tirando a chorra (pero chorra de mala manera) y plomiza, con escenas de acción de chichinabo y efectos especiales de baratillo (aunque ahí esté John Carl Buechler metido).
La cosa no debió funcionar del todo mal en el mercado del vídeo, ya que un año después Michael Schroeder tenía lista Cyborg 3: The Recycler (1994, año en el que se editó en Hungría, aunque no se vería en EEUU hasta un año después, mientras que en España, salvo error u omisión, permanece inédita). Esta vez la producción corrió a cargo de Alan Mehrez (quien luego se encargaría de las secuelas apócrifas de Contacto Sangriento), con un presupuesto menor y un tono que ya rozaba la parodia, con la participación de un decadente Malcolm McDowell y el otrora prometedor protagonista de Gremlins (Joe Dante, 1984), Zach Galligan. Ambientada en un mundo de nuevo postapocalíptico (es decir, más barato, volviendo a los escenarios desérticos y semiderruidos de la primera parte), nos muestra cómo Cash (ahora interpretada por Khrystyne Haje reemplazando a Jolie) vaga por el desierto buscando ayuda, pues ve cómo su energía se consume a pasos agigantados sin remedio. El problema resulta ser que... está embarazada. Sí. Es una cyborg. Pero está embarazada (¡Bravo!). Mientras busca ayuda en un creador de cyborgs, Evans (Galligan), es perseguida por un Reciclador, un cazador que hace contrabando con piezas de androides llamado Lewellyn (Richard Lynch). Cash encontrará refugio en una comunidad de cyborgs defectuosos que parecen versiones tecnificadas de La parada de los monstruos (Freaks. Tod Browning, 1932) hasta que toman las armas y se convierten en primos lejanos del comando de Acción Mutante (Álex de la Iglesia, 1993). El tagline de la carátula del DVD es bastante significativo: "Entra en el oscuro submundo de CYBURDELES, MECANOPUTAS y HUMANOIDES SINTÉTICOS". Con algo así, es evidente que la película no va a ser precisamente un tratado sobre cibernética, pero lamentablemente hay que decir que no es tan divertida como cabría suponer, sino que más bien es tirando a chorra (pero chorra de mala manera) y plomiza, con escenas de acción de chichinabo y efectos especiales de baratillo (aunque ahí esté John Carl Buechler metido).
Como ven, el legado que dejó Cyborg no es precisamente memorable. Como tampoco lo es el cómic que la Cannon lanzó en Junio de 1989 para promocionar la película con motivo del cercano lanzamiento de la misma en vídeo, que se produciría en Septiembre de ese mismo año. Con dibujos de unos tales Van Cleave & Von Sholly y guión de un tal Sirk Noah, el cómic seguía al pie de la letra la línea argumental de la película (con alguna errata incluida, como el cambio de apellido en Fender, que pasa de ser Tremolo a Tremelo),
aunque añadía un par de escenas que no estaban en ella: en la primera aparecían unos "zombis de la plaga" que atacaban a los protagonistas; en la otra, aparece el personaje de Gibson entrenándose después de ser salvado de la crucifixión para prepararse físicamente de cara a la confrontación final contra Fender. Con un gesto que demuestra hasta qué punto esta publicación no era más que una pura estrategia de marketing, el cómic termina en mitad de la pelea definitiva, instando a los lectores a alquilar la película para conocer el final de la historia. Otro detalle interesante es que añadía un concepto que no estaba en el montaje estrenado en cines y sí en la versión ideada por Albert Pyun, como es el hecho de que se mencione que los piratas son además caníbales. Además, incluía notas de producción, una entrevista a Albert Pyun y publicidad de otros títulos de la Cannon. Actualmente se ha convertido en objeto de coleccionista (todavía se puede adquirir alguna copia en eBay) y no tuvo ningún tipo de continuidad en papel.
aunque añadía un par de escenas que no estaban en ella: en la primera aparecían unos "zombis de la plaga" que atacaban a los protagonistas; en la otra, aparece el personaje de Gibson entrenándose después de ser salvado de la crucifixión para prepararse físicamente de cara a la confrontación final contra Fender. Con un gesto que demuestra hasta qué punto esta publicación no era más que una pura estrategia de marketing, el cómic termina en mitad de la pelea definitiva, instando a los lectores a alquilar la película para conocer el final de la historia. Otro detalle interesante es que añadía un concepto que no estaba en el montaje estrenado en cines y sí en la versión ideada por Albert Pyun, como es el hecho de que se mencione que los piratas son además caníbales. Además, incluía notas de producción, una entrevista a Albert Pyun y publicidad de otros títulos de la Cannon. Actualmente se ha convertido en objeto de coleccionista (todavía se puede adquirir alguna copia en eBay) y no tuvo ningún tipo de continuidad en papel.
En los últimos años, Albert Pyun ha estado hablando regularmente sobre la posibilidad de hacer una precuela de Cyborg y, por fin, parece que ha conseguido concretar el proyecto y ponerlo en marcha. Su título será Cyborg: Rise of the Slingers y se centrará en cómo surgió la plaga que acabó con la civilización, además de esclarecer algunos puntos importantes que nos harán revisar la película original con un nuevo punto de vista: al parecer, Mary, la mujer de la que se enamoraba Gibson Rickenbacker, era en realidad el primer Cyborg de su serie creado para acabar con la plaga (el personaje de Pearl Prophet sería su sucesora); se mostrará cómo la plaga creó zombis y, además, nos explicará cómo Fender fue en principio un Slinger que se pasó al lado oscuro. Es irónico que el director se haya pasado todos estos años renegando de Cyborg y que ahora, gracias al Director's Cut y a este nuevo proyecto, pretenda vivir de las rentas del mismo, pero habrá que darle una oportunidad a este Rise of the Slingers cuando se estrene. En ese momento, es posible que el culto a la cinta de 1989 crezca aún más, confirmando que es una de las películas de Jean-Claude Van Damme que más ha dado que hablar, a pesar de que en su momento dejara indiferentes a muchos, entre los que nos encontramos no pocos fans del actor.
Curiosidades:
- Como han podido leer, Albert Pyun concibió Cyborg como una ópera rock, una especie de musical post-apocalíptico sin diálogos, rodado en blanco y negro y donde la presencia de la música fuera constante. Ese es el motivo por el que muchos personajes llevan nombres de marcas de guitarras eléctricas o de objetos relacionados con la música. Se supone que en la precuela que está preparando, Pyun explicará el origen de estos nombres.
- El montaje que Pyun realizó (y que fue desechado) contaba con una banda sonora totalmente distinta, más acorde a lo que él quería conseguir desde el principio. La partitura rock fue encargada a Jim Saad y Tony Riparetti, pero se quedó en la mesa de edición junto con la versión de Pyun. Tras el remontaje, se encargó una nueva banda sonora a Kevin Bassinson, quien utilizó principalmente sintetizadores. Sin embargo, fue todo tan precipitado que en el poster original de la película no aparece su nombre, sino los de Saad y Riparetti, aunque sí que figura en los títulos de crédito. Se dice que en la Cannon no querían gastarse un centavo más en la cinta, negándose a cambiar unos carteles que ya estaban preparados.
- Como sucede en varias películas de Albert Pyun, hay un personaje que se llama Brick Bardo, aunque no tengan nada que ver entre ellos. En este caso es el pirata interpretado por Rolf Muller. Pero no fue el primero: Christian Andrews interpretó a un Brick Bardo en Sueños Radiactivos (1985) y en Alien from L.A. (1988). Después de Cyborg, Thom Mathews se llamó así en Combate sangriento (Bloodmatch. 1991), Tim Thomerson lo sería en Dollman (1991) y Dollman vs. Demonic Toys (Albert Band. 1993) y Scott Paulin fue el Brick Bardo de Engaño (Deceit. 1992).
- En las escenas de acción de Cyborg se usaron machetes y espadas de plástico. No obstante, eran de una consistencia lo suficientemente dura como para resultar peligrosos. Esto lo pudo comprobar el actor Jackson 'Rock' Pinckney, quien interpretaba a uno de los villanos. Durante el rodaje de una secuencia de acción, Pinckney rebasó la marca de seguridad estipulada durante la preparación de la coreografía y Jean-Claude Van Damme le hirió accidentalmente en un ojo. Aunque en ese momento todo pareció quedar arreglado, Pinckney decidió demandar a Van Damme años después, cuando este ya se había convertido en una celebridad, aduciendo que debido a ese accidente había perdido la visión de un ojo. El juez determinó que Van Damme debía compensar económicamente a Pinckney, por lo cual el segundo se embolsó casi medio millón de dólares.
En Resumen:
- LO MEJOR: La pureza de su concepto: acción, acción y más acción.
- LO PEOR: Que durante el primer acto hay demasiados flashbacks que entorpecen el arranque.
- LA SECUENCIA: Van Damme siendo crucificado en el mástil de un barco abandonado en la arena de una playa. Además de por su fuerza icónica, la secuencia destaca por la intensidad con la que el actor representa la impotencia de su personaje y sus ansias de venganza.
VANDAMMÓMETRO
TRÁILER










7 comentarios:
Yo recuerdo ver esta peli con 13 años, y quedar espantado jeje, luego la revisione un par de años después y empezó a gustarme, sobre todo por lo que dices, de ser un film que toma el camino de la acción por la acción sin recurrir a falsas ínfulas de ser algo más. Van Damme está muy verde todavía, pero aún así lleva a cabo una interpretación digna, y Vincent Klyn es un villano ejemplar, voz, rostro y físico.
Grande Pedro!
Gracias, Glez.
Van Damme hacía aquí lo mejor que podía hacer en ese momento, cuando estaba tan verde como dices: no hablar demasiado, pegar buenas patadas, lucirse y demostrar que había algo en él distinto a los demás action-heroes, como explico en el post.
Fantástico trabajo el realizado. Me han entrado unas ganas tremendas de verla de nuevo. La tengo reciente, pero conociendo tantos datos y curiosidades, cae una de estas noches.
Gracias, Borja. Veo que no eres el único al que le han entrado ganas de revisar la peli después de leer el post. No era esa mi intención principal, pero me alegra mucho que se haya producido ese efecto. :)
Este es un comentario de apoyo y agradecimiento por los cuatro análisis y los que están por llegar.
De un fan de Van Damme.
Por cierto: "Cyborg" es, a mi entender, una serie b de acción que, con todas sus limitaciones, roza la perfección. Aunque sé que siempre tiendo a exagerar cuando una peli me entusiasma.
Un abrazo.
Gracias, srdani. Se está convirtiendo usted en uno de mis lectores más fieles y agradecidos.
Entiendo lo que dice sobre 'Cyborg'. Es una película que se presta al entusiasmo. A quienes nos gusta, nos gusta MUCHO.
Ciborg y mas un "director cut" puede ser tremenda para verla unos cuantos , en casa , con unas birras y un poco de MARUJA ...
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